domingo, 22 de marzo de 2026

Javier Luna Orosco, médico, investigador y coleccionista



Oscar Córdova Sánchez

Médico y docente

ARTÍCULO ORIGINALMENTE PUBLICADO EN LA REVISTA DIGITAL LA RAMONA. Ver: https://www.ramonacultural.com/contenido-r/javier-luna-orosco-medico-investigador-y-coleccionista/

Bajo los caprichos particulares de deshacernos de algo antiguo, pesado y sin utilidad actual, desvanecemos toda una historia del objeto. El objeto, posteriormente, es, de manera taxativa, botado y exiliado del recuerdo de otro nuevo y posible heredero o coleccionista ajeno. Un libro, una moneda o cuadro pueden ser representar este símbolo que yace oxidado en el banco del olvido; sin embargo, existen personas para su rescate. Son sujetos que viven el presente pensando el pasado; recuperan alicientes de estos objetos de antaño y lo cuidan para su resguardo. Esta facultad, desde una temprana edad, fue adquirida por el Dr. Javier Luna Orosco, un singular boliviano que discretamente reúne objetos de antaño. 

Javier Luna Orosco Eduardo, paceño, cirujano y bibliófilo, desde muy niño cometió la imprudencia de leer libros clásicos constantemente. La rebeldía de la autoformación había hecho en él un gran lector recorriendo caminos y creándose uno para una meta del placer de conocer otros universos a través de las páginas de los tomos del estante familiar. Además, sintiendo el aura intelectual de su entorno, fue influenciado por su tío Oscar Cerruto, poeta, periodista y gran estrella del canon literario boliviano. “Para escribir poesía tienes que remontarte” recalcaba su tío Oscar, quien lo recuerda con la mirada nostálgica al pasado viendo la pasión de su tío que fue transmitida exitosamente al sobrino. Y es de esos años donde incurriría en lecturas más académicas, más científicas; dejando de lado sus pasatiempos efímeros, sus inquietudes literarias y pasar a otra etapa más profesional en su vida.

Siendo estudiante de la carrera de medicina de la Universidad Mayor de San Andrés y, concluyendo sus estudios de pregrado, fue a especializarse en Cirugía General a la Universidad de Ferrara, Italia, institución fundada en 1391. Esta prestigiosa institución académica graduó a Javier en el arte del bisturí y la delicadeza del escalpelo. Con más de 50 años en las actividades médicas, el Dr. Luna Orosco había logrado una trayectoria sublime, llena de reconocimientos y viajes que, además de la pasión médica, no perdía la oportunidad de adquirir el libro viejo de segunda mano en cualquier parte del mundo. De ahí que su biblioteca se ensanchaba más y más. “Sino hubiera sido médico, seguramente hubiera sido literato”, me comenta con seguridad ante la otra aventura que resguarda las letras.

Javier dedica mucho tiempo a la lectura y el cultivo de las letras; disfruta leer ensayos, cuentos y poesía, esta última una de sus favoritas del género. De esta manera, expone su conocimiento sobre uno de los poetas favoritos y más descollantes de Bolivia: Franz Tamayo. Agarra sus primeras ediciones del vate paceño cual si fuera una Biblia y empieza a leer algunos poemas. “Trascendental”, fue palabra que resume su admiración al autor de La Prometheida y las oceanides. Su capacidad por leer todas las obras de Tamayo hizo que siempre revisite esos lugares de la poética tamayana, como también los folletos y hojas sueltas que me muestra con orgullo y fruto de la enseñanza para la vida, el espíritu y la prudencia.

Gran lector del italiano Giovanni Papini y del médico argentino José Ingenieros. Reúne de a poco sus ediciones raras que encontró en el transcurso de sus visitas a los puestos de los libreros de viejo. La lista puede ser larga, pero solo mencionaremos algunos ejemplares que tiene: Una edición de Quijote de 1879 con grabados bien conservados; el famoso Tratado de Historia Natural de George Leclere, conde de Buffon; la colección completa de la revista médica- cultural MD del español Félix Marti; una edición de El Contrato Social de Rousseau de 1812, considerada la segunda edición traducida al castellano.

Entre obras nacionales cuenta con una primera edición de El General Eliodoro Camacho (1885) de Joaquín Lemoine con una dedicatoria de José María Camacho (hijo del general); obras de Bolívar con dedicatoria del militar y presidente Carlos Blanco Galindo; una gran colección de folletos médicos bolivianos del siglo XIX y XX, entre los cuales destacan los de Zenón Dalence, Félix Veintemillas, Enrique Saint Loup y Abelardo Ibañez Benavente. Gran coleccionista de la cultura médica y literaria del país, poco a poco, desviamos el tema al de sus cuadros y monedas. Obras de Ricardo Pérez Alcalá o de Harmodio Tamayo son exhibidas en sus muros de su domicilio; monedas de la Casa de la Moneda de La Paz, construida en la época de Belzu, son expuesta en su vitrina. Pero, después de todo esto, de la veneración del objeto y su valía, ¿dónde quedará todo este acopio del pasado boliviano? El Dr. Luna Orosco, firme con su respuesta, menciona que irá a parar a su casa patrimonial, ubicada en la calle México, para ser parte de la indumentaria vintage de este futuro centro cultural paceño. No se detiene en impulsar actividades culturales. El amor por arte se rejuvenece en él cada día. Por ahora esbozamos un cuarto de las actividades que realiza nuestro amigo, colega y gran humanista.

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