Claridad.
La revista de la élite intelectual sucrense.
Oscar Córdova Sánchez
Consultor educativo
Texto originalmente publicado en el suplemento dominical Puño y Letra (Correo del Sur). Ver: https://correodelsur.com/punoyletra/20250706/claridad-la-revista-de-la-elite-intelectual-sucrense.html
Durante los primeros años de
la segunda década del siglo XX, Sucre, la bella ciudad que mantuvo el arte y la
literatura en su forma más estilizada, tuvo su máxima representación en la
Revista Claridad, dependiente de la Sociedad Filarmónica Sucre, entidad que
aglomeró lo mejor y más talentoso de la elite intelectual sucrense,
particularmente, de los años 20.
Bajo la dirección de Eduardo
Berdecio (1869-1927), fundador de la Sociedad Filarmónica Sucre en 1883
-existía una antecesora con el mismo nombre en 1856-, realizaría, con esta
sociedad, primeramente, la noble tarea de hacer el arte lírico una necesidad
ante el inmenso paisaje agitador y destructivo de aquella sociedad boliviana
viciada de revoluciones y desdichas anárquicas. Junto con su hermano Carlos y
sus socios Manuel Caballero, Atanasio de Urioste, Martín Paravicini, José María
Urdidinea, Mariano Enrique Calvo y Luis Nuñez del Prado emprenderían una hazaña
para dar voz a la composición musical de Sucre. Sus máximas aspiraciones: la
búsqueda de la belleza artística y dar realce a la noble estirpe de la sociedad
chuquisaqueña a través de la difusión cultural de su ciudad expresada en
veladas musicales con una gran audiencia que escucharía los nuevos talentos de
aquel tiempo. De estos salones se descubrió el talento de un joven Simeón
Roncal, quien revolucionó la música boliviana años más tarde.
Esta labor realizada bajo la
bandera de arte, belleza y moral constituye su culminación al proveer a la
ciudad de los cuatro nombres una revista cuyos miembros se inscribirán para
formar un cenáculo artístico-literario-musical, en el cual se promoverá la
cultura chuquisaqueña. Siendo encomendado para la dirección de la revista
Ignacio Prudencio Bustillo (1895-1928), escritor de una pluma exquisita,
provocadora y sincera, dirigirá la ruta cultural de esta nueva propuesta.
El primer número de la revista
salió en junio de 1921. Claridad, nombre atribuido para iluminar mediante las
artes literarias al colectivo social, es publicitado con una hermosa portada
del artista Luis Groc. En el arte se ve radiante el sol iluminando al ser
humano y la ciudad de Sucre, absorbiendo toda aquella luz de conocimientos para
expandir hacia nuevos horizontes. El discurso de la revista estaba dicho:
volver al cultivo de las letras y explorar los rincones donde se encontrarían
nuevas corrientes. Bustillo, joven intelectual, para este primer número
expresaría su más sincero agradecimiento a Eduardo Berdecio con un homenaje
sobre su labor cultural que, para ese tiempo, ya iba por cumplir 40 años
dedicándose a las funciones artísticas desde la Sociedad Filarmónica. “Cree en
el poder moralizador del arte […] espera provocar una resurrección de las
energías de estas tierras […] mediante una activa propaganda artística”, son
algunas frases de elogio que Prudencio enunciaba al ideólogo de la revista.
Entre los primeros
colaboradores -ensayistas y poetas en su mayoría- se contó con la pluma
venerable del vate Ricardo Mujía (1861-1934), quien hacía de su poesía una
fragancia rica en recursos y técnicas literarias que, junto a su esposa, la
destacada poetisa Hercilia Fernández de Mujía (1860-1929), publicaban excelsos
poemas sobre la vida, la patria y nuestros héroes; Adolfo Costa du Rels
(1891-1980), diplomático, cuentista y uno de los mejores novelistas bolivianos,
destacaba con sus colaboraciones de cuentos, ensayos y homenajes, todo de un
aroma exótico por describir la psique humana en cada uno de sus personajes;
Alfredo Jaureguí Rosquellas (1879-1952), ensayista, historiador, geógrafo y uno
de los máximos valores literarios de la sociedad sucrense, destacaba por sus
polémicos ensayos sobre la cuestión del indio, el advenimiento del cholo y la
decadencia del blanco, probando, una vez más, la cuestión social irresuelta de
nuestro país. Entre otros intelectuales que se unieron a este emprendimiento cultural
se encontraban: Nicolás Ortiz Pacheco (1893-1953), poeta humorista y crítico a
las malas costumbres; Claudio Peñaranda (1883-1921), poeta modernista y
profesor destacado; Agustín Iturricha (1863-1934), ensayista, jurista e
historiador de gran talento en el ámbito de la veracidad de los hechos;
Gregorio Reynolds (1882-1948), triunfador de la poesía modernista boliviana que
conquistó los cenáculos literarios de La Paz con su pluma ágil, sincera y responsable.
También se encontraba los noveles escritores Alberto Ostria Gutiérrez (1897-1967),
Guillermo Francovich (1901-1990), Saturnino Rodrigo (1894-1988) y Carlos
Medinaceli (1898-1949) quienes, en los siguientes años, tendrán un lugar
prominente en la literatura boliviana.
Como se puede leer arriba, son
varios de los intelectuales que publicaron en Claridad para ofrecer sus
inquietudes mediante la poesía, ensayo, relato y cuento. Pero, además, el
repertorio de la revista destacaba a las escritoras, quienes fueron las
pioneras en el discurso sobre el quehacer femenino de esa época, tales son los
casos de Josefina Goitia, Raquel Ichaso, Elena Merino, Elena Ostria Gutiérrez o
Rosa Sempertegui, despegando con sus ensayos y poesías el valor literario y la
equidad de género de la revista.
Dentro de las características
de la revista era su publicación ocasional -no era ni semanario, ni publicación
trimestral-, debido a que los auspicios corrían por parte de los mismos
editores y colaboradores, en su mayoría. Salía cada dos o seis meses. El tiraje
era reducido -por eso de su rareza encontrar todos los números- y el precio
rondaba los sesenta centavos, siendo distribuido en las principales librerías
del país. El segmento de crónicas sociales era dedicado a las actividades
realizadas por la Sociedad Filarmónica Sucre y a las nuevas composiciones que
se presentaban durante un acto cívico o aniversario de una institución sucrense.
Además, se hacía conocer los logros de varios miembros de la revista con notas
sobre sus condecoraciones, premios literarios, publicaciones de libros y
comentarios elogiosos. Asimismo, se publicaba la convocatoria para el certamen
de los Juegos Florales, concurso para premiar las mejores poesías del medio. A
diferencia de otras revistas de ese tiempo, la propaganda comercial era nula en
sus páginas, destacando su esencia en la fotografía, tipografía y calidad
literaria.
Con el paso del tiempo la
revista se dividiría en dos épocas: la
primera del No. 1 al 18 (1921-1938) y la segunda del No. 19 al 25 (1946-1949), y,
en este transcurso de décadas, la revista tuvo que resignarse con las grandes partidas
de sus más connotados hombres letrados que partieron de este mundo como
Berdecio, Prudencio Bustillo y Mujía. Cronológicamente dirigieron la revista: Prudencio Bustillo, los primeros cinco números
(1921-1923); Ricardo Mujía, los siguientes desde el número 6 al 16 (1923-1932);
René Zamora solamente el número 17 (1936); Rafael García Rosquellas igualmente
el número 18 (1938) y Joaquín Gantier continuó desde el número 19 al 25
(1946-1949). Así, a pesar de las inclemencias políticas e ideológicas, la
revista rindió con solvencia y persistencia su labor prolífica por más de dos
décadas.
Los temas publicados en la
revista eran variados. Poesía, ensayo, cuento, crítica literaria, reseña,
fragmentos de novelas y crónica. Todos
estos géneros fueron un acicate para crear un colorido fondo de diversos
pensamientos, discursos y creaciones intelectuales. Además, se hizo hincapié en
resaltar el talento joven. El caso del tarijeño Oscar Alfaro (1921-1963) fue
singular por la cantidad de versos escritos para la revista en su segunda
época.
La revista Claridad
demostraría constancia, voluntad y disciplina en sus miembros, ya que a pesar
de las calamidades bélicas como la Guerra del Chaco (1932-1935) o el
colgamiento a Gualberto Villarroel (1946), no dejaron entorpecer la misión
ética de divulgar las bellas letras sin ningún tinte político ni partidista del
momento, como varios de sus colegas hicieron al aleccionarse a un gobierno o
caudillo, divulgando ensayos o crónicas manchadas por la bulla del partidismo y
arribismo.






