domingo, 12 de junio de 2022

Daniel Sanchez Bustamante y la Revista de Bolivia

 Daniel Sánchez Bustamante y la Revista de Bolivia





Oscar Córdova Sánchez

Estudiante Universitario y Gestor Cultural

Durante finales del siglo XIX, ante la aproximación de una nueva literatura propia de

concepciones americanas como fue el modernismo, nació una propuesta por imponer

estas ideas e introducirlas en la literatura boliviana. Fue Daniel Sánchez Bustamante,

quién tenía la intención de importar nuevas formas de escritura al país y su Revista de

Bolivia, que fue base para formalizar una nueva tendencia para la creación de una

fórmula que una el modernismo a la poesía boliviana.

Antecedentes

En nuestro país, para la última década del siglo XIX, estuvo lleno de una turbulencia

interna sobre la base de los gobiernos conservadores y el ímpetu de agarrar el mando

de la nación por parte de los liberales. Por otro lado, además, varios intelectuales del

país proponían nuevas dinámicas en la esfera del conocimiento como la creación de

cenáculos literarios, revistas literarias o sociedades geográficas. Siendo así que varios

escritores, poetas en su mayoría, dejen de seguir los cánones románticos y pongan

énfasis a la lectura de obras de escritores latinoamericanos como Rubén Darío.

Daniel Sánchez Bustamante (1870-1933), hombre de gran peso intelectual, había

elevado su sabiduría desde su juventud, ya que, en el año 1889, a sus 19 años fundo,

junto con Carlos Bravo, la Sociedad Geográfica de La Paz con el objetivo de iniciar

estudios geográficos en el país y consolidar una base firme de regiones aun no

exploradas. El, posteriormente, invitó a hombres de ciencia como Agustín Aspiazu,

Nicolas Armentia, Nicanor Iturralde, Manuel Vicente Ballivián entre otros. Con esta

iniciativa, su guía y labor serian de gran proyección cultural.

El año 1898 es crucial para el movimiento político, social, económico y literario en

nuestro país. Político, por el auge del Partido Liberal y su propuesta de una “nación

federal”, siendo su desencadenante la lucha con el Partido Conservador

(constitucional) a la cabeza del presidente Severo Fernández Alonso, detonándose

una guerra civil a finales de ese año; social, por el cambio de la estructura de clases,

siendo la clase dominante, familias acaudaladas y provenientes de familias criollas,

Chuquisaca específicamente, desde años atrás, canjeada por un nuevo grupo

denominado mestizo o cholo, proveniente de su fuerza de trabajo para subir de rango

social, que se encontraba en Oruro y La Paz; económico por el auge del estaño en los

precios y vetas descubiertas, y la caída de la plata, siendo una lucha por el dominio y

control económico del país y finalmente literaria, que, empieza sus primeros pasos en

el movimiento modernista y en la nueva poesía propuesta ese año, como las de

Ricardo Mujía, Rosendo Villalobos o la del joven Franz Tamayo con su primera obra:

Odas. Siendo frecuentemente interrogado el modernismo, en artículos periodísticos y

ensayos de diversos estilos, definiendo claves para su potenciación en nuestro medio.

Ese mismo año, Sánchez Bustamante, con toda proyección de necesidad de expandir

el movimiento modernista, síntesis del parnasianismo y simbolismo, a nuestro país,

logra crear la Revista de Bolivia, siendo su fundador y principal director.

Una nueva transición para la literatura boliviana

La revista, publicada en Sucre, tiene como principales redactores a Francisco Iraizós,

Ricardo Mujía y Julio Zamora. Su publicación se hacía semanal, de 16 páginas a dos


columnas. El contenido de la revista tenía temas variados como critica, poesía,

historia, sociología, cuestiones jurídicas o transcripciones de autores extranjeros,

haciendo más diversas las páginas de tan insigne revista. Además, siguiendo el ideal

patriótico, en cada fecha cívica, la revista dedicaba un número. En cada homenaje que

hacía la revista, se escribía distintas apreciaciones sobre la fecha o la fundación de

alguna ciudad.

El primer número, publicado el 1° de enero de 1898, contiene al inicio un Prospecto,

firmado por Francisco Iraizós, donde da entender el porqué de la revista y la intención

de sus fundadores, dado para poner en conocimiento el país y su “pensamiento de

éste, aunque sea en proporciones infinitesimales (..) también al servicio de los

esfuerzos que hace la mente humana cuando quiere determinar el concepto del

mundo o dar forma definitiva a la noción de lo bello”. El sumario, además, contiene

poesías de Ricardo Mujía y Rosendo Villalobos, una transcripción sobre las

investigaciones matemáticas de Sir John Lubbock, un análisis sobre el Congreso de

Sociología de París, novedades, notas bibliográficas entre otros.

En este número encontramos el texto de Sánchez Bustamante titulado “El

pensamiento de Bolivia en 1897”, donde anota sobre la situación del país, para buscar

el espíritu de la nación y el progreso con miras a la consolidación del ideal patriótico;

sin embargo, refuta a que “el genio boliviano no tiene lugar para el culto a las ideas y

para el afinamiento de su sentido estético”. Aquí ya se ve la intención primordial del

autor, con un claro objetivo que intenta dar forma a las nuevas creaciones poéticas,

con base en el movimiento modernista y de “buscar inspiración en la conciencia

contemporánea”.

La Revista de Bolivia, según Carlos Medinaceli, afirma que tuvo “calor de hogar”,

dando cabida a la “siempre huérfana intelectualidad boliviana”, por ese motivo

Sánchez Bustamante, reunió a los más grandes talentos intelectuales bolivianos de

ese tiempo, como Pedro Kramer, Gabriel Rene Moreno, Jenaro Sanjinés, que

destacaban en la investigación histórica de nuestro país; Lindaura Anzoategui de

Campero, Adela Zamudio y Hercilia Fernández de Mujía, destacadas poetisas

bolivianas; Fr. Nicolas Armentia, Carlos Bravo, Valentín Abecia, en el área de la

investigación geográfica. Además, de un gran numero de poetas y escritores noveles

como Eduardo Diez de Medina y José Aguirre Achá.

Un singular antimodernista

Con la introducción, poco a poco, del movimiento modernista a nuestro país, hubo

mucho escepticismo y desencanto. Entre los redactores de la revista, destacamos a

Francisco Iraizós (1857-1930), que sacó a flote su talento literario.

Periodista y filólogo, destacado por haber escrito con valentía en contra del gobierno

de Narciso Campero, siendo apresado y, al mismo tiempo, ganándose una fama que,

con los años, tendría mucha importancia con sus escritos sobre temas internacionales.

Franz Tamayo consideraba a Iraizós “como al mejor escritor boliviano, sólo que no

escribe”. Es probable, su literatura es muy escasa, a decir de Medinaceli, afirma que

“lo poco que le conocemos revela, empero, lo señorial de su estirpe intelectual. Todo

en él es selecto, escogido, alquitarado”.

En el número 26 de la revista, publica el articulo “El modernismo en América”, que

viene con oposición a la nueva literatura que impregnaba el espíritu de los más

jóvenes. Calificando a sus difusores como "decadentes", "místicos", "parnasianos",


"estetas" y "diabólicos", dando a entender en un párrafo de su exquisito artículo, su

concepción sobre el modernismo:

“El modernismo verdadero, exceptuando su cabotinismo simbólico y su ecolalia

infantil, es una de las más aristocráticas y tentadoras enfermedades. Obedece a esa

vaga inquietud que se apodera de un cerebro para el cual no tiene finalidad la

existencia; busca en todos los rincones del pensamiento, sacudiendo todas las fibras

del organismo, más allá del dolor y del placer, más allá del bien y del mal, una gota de

agua salada que haga soportable el insípido manjar de la vida ordinaria. De ahí

provienen sus hermosas aberraciones, su manía de lo imposible, su odisea al través

de todos los infiernos y de todos los paraísos”.

Negando su ingreso, Iraizós da el sitial de su característica forma de escribir,

Medinaceli considera que fue un humanista “rara avis” en nuestro país, por no haber

pasado otras disciplinas para demostrar su talento vasto. Poco tiempo después

aceptaría su ingreso, ya con la venida de Castalia Barbara (1899) de Ricardo Jaimes

Freyre, que daba un salto importante en las letras bolivianas.

Epílogo de La Revista de Bolivia

En cuanto a la difusión y duración de la revista, tuvo 44 números publicados hasta el

23 de diciembre de 1898. Creemos que su desaparición se debió a las causas

políticas que el país vivía en ese momento, como la Revolución Federal. Además, que

la mayor parte de la redacción de la revista era paceña, incluyendo el director y más

de la mitad de sus redactores. Por esta cuestión, probablemente, se dio fin a la causa

de la integración total del modernismo en Bolivia.

Años después, Fabian Vaca Chávez, escritor beniano, en el prólogo de “Discurso y

Opiniones” (1905), de Sánchez Bustamante, libro que reúne sus artículos publicados

en la Revista de Bolivia y algunas conferencias, menciona sobre su satisfacción y

orgullo de haber leído La Revista de Bolivia, que hicieron sentir en el joven las “gratas

impresiones intelectuales” cuando era colegial. Y, efectivamente, la influencia de

Sánchez Bustamante tuvo eco hasta los años 30 del siglo XX en nuestro país, donde

la juventud buscaba el ímpetu y espíritu intelectual.

La Revista de Bolivia tuvo en su época, pasos agigantados para una nueva

infraestructura literaria de nuestro país; además, de introducir el realismo y

naturalismo, confiere a la revista, una forma de reforzar nuestro intelecto y un porvenir

mejor para nuestra patria.

Bibliografía

1. Alarcón, R. (1925). Bolivia en el Primer Centenario de su Independencia 1825-

1925. (1ª. ed.) Nueva York: The University Society Inc.

2. Lora, G. (1967). Historia del movimiento obrero boliviano. (1848 - 1900) (1ª.

ed.) Bolivia: Los Amigos del Libro.

3. Medinaceli, C. (1967). Carlos Medinaceli escoge: la prosa novecentista en

Bolivia; antología crítica (1ª. ed.) Bolivia: Los Amigos del Libro.

4. Paz Soldán, A., Wiethuchter, B., Ortiz, R., Rocha, O. (2002). Hacia una historia

critica de la literatura en Bolivia (1ª. ed.) La Paz: Fundación PIEB.

5. Peñaranda, A. (1962). “La Revista de Bolivia” (ficha-bibliográfica). Sucre.

6. Sánchez Bustamante, D. (1905). Opiniones y discursos (1ª. ed.) La Paz:

Imprenta Velarde.

Arte y Trabajo: Entre la juventud irreverente y el anarquismo indivdualista

 Arte y Trabajo: entre la juventud irreverente y el anarquismo individualista






Por Oscar Córdova Sánchez

Estudiante universitario y gestor cultural

La tranquilidad que se vivía en Cochabamba a principios del siglo XX, era de una vida profundamente religiosa y de una silenciosa crisis que se avecinaba con el ausente desarrollo urbano y económico; sin embargo, surgiría a partir de un mítico personaje la creación de una revista que durante la década de los años 20, agruparía a lo más selecto de la juventud cochabambina para dar voz a ciertas inquietudes y malestares de ese momento, logrando con el tiempo que estos jóvenes den rienda sueltas a sus ideas que tendrán importancia en las siguientes décadas.

La dinámica social en esos tiempos en el pueblo cochabambino era la subordinación a la religión católica, el consumo excesivo de alcohol y la pobre modernización urbana; que fueron claves para entender la ideología del mítico Cesáreo Capriles López y la creación de la revista Arte y Trabajo.

La conformación de la revista se basó en la postura ideología de Capriles, calificado como "ácrata de convicción y temperamento", más allá de su polifacética vida desenvolviéndose en la minería, sindicalismo, farmacología y astronomía; muy aparte de su dote aventuresco que lo llevó, en los años 50, al Chapare para desaparecer totalmente.

La revista salió el 27 de febrero de 1921, con un tiraje de 500 ejemplares, siendo la atención principal de la población “somnolienta” cochabambina.

La conformación del equipo estaba encabezada por su director, Cesáreo Capriles; redactor, Roberto Weiler y como administrador a Roberto Escobar. El semanario costaba 20 centavos y se podía obtener en el Parque 14 de septiembre y en la imprenta de F.O Cuenca.

Todos tenían conocimiento sobre Capriles y su auténtico anarquismo individualista, pero al leer la publicación de Arte y Trabajo, la conformación del ideal anarquista no era percibido, ni mucho menos difundida. Si bien tuvo una recepción buena, la ideología misma con la que se creó se fue desvaneciendo y dio luz a otras ideologías propuestas, en este caso, por jóvenes universitarios.

Para entender las nuevas ideas acogidas por los universitarios, debemos analizar la lectura de varios libros en boga de ese momento. Esto será el determinante y permitirá que Arte y Trabajo adquiera una finalidad ideológica progresista con una clara tendencia izquierdista.

Augusto Guzmán, que formó parte de esa juventud y del corpus de redactores de la revista, menciona que las lecturas se centraban en autores como José Vargas Vila, Vicente Blasco Ibañez; autores rusos como Dostoyevski, Tolstoi, Gorki, Andréiev y más que nada a Lenin y Trotsky. Sin embargo, la condición de anticlericalismo con la que se formaron estos jóvenes de los años 20 fue con las lecturas del autor francés Anatole France que impuso "descreimiento religioso... que cruzaba la edad del ateísmo, anticlericalismo y revolución social".

Entre los jóvenes más inmiscuidos en la formación de una nueva tendencia y con la convicción de hacer Arte y Trabajo núcleo de sus inquietudes, fueron José Antonio Arze, Carlos Montenegro, Augusto Céspedes, Ricardo Anaya, Carlos Walter Urquidi, Roberto Hinojosa, José Cuadros Quiroga entre otros.

Capriles, gracias a sus relaciones fraternales con Adela Zamudio y otros intelectuales pudo ser el “captor” de esta juventud universitaria que iniciaría sus primeras armas en Arte y Trabajo.

Este fenómeno dentro de la revista fue la "tribuna libre del pensamiento cochabambino" donde iba creciendo en su demanda, pero desapareciendo su forma anarquista. Entre otros colaboradores estuvieron Man Césped, Adela Zamudio, Franz Tamayo y Gregorio Reynolds.

En cuanto a la definición de la revista, según Nivardo Rodríguez, fue una "revista cultural, que comprimía temas políticos con una variedad de temas literarios y de actualidad", con un énfasis por la propaganda comercial de productos y servicios.

Capriles, si bien pocas veces escribió para su revista, destaca su desdén por la falta de "higiene popular" declarándose antialcohólico, y por su crudeza hacia el artesano cochabambino, bautizando a este como "un animal anfibio que vive entre la chicha y la política". Por tanto, la dirección de la revista también estuvo marcada con las inclinaciones de Capriles, que escribió sobre la desconfianza de los políticos, el progreso económico y la modernización de la ciudad a partir de industriales privados y comerciantes, promoviendo una profilaxis social de a poco.

Si bien Capriles tiene marcada su ideología, está no influye directamente en los jóvenes redactores, quienes dan paso a sus ideas y reclamos, quienes no ganaban un centavo por sus escritos, pero si experiencia en el arte de la escritura.

Un caso particular fue el de Carlos Montenegro, de 19 años, y José Antonio Arze, de 17 años, por sus artículos anticlericales. Montenegro en una nota afirmaba que Jesucristo era un hombre sin "divinidad", al enterarse el "abanderado del catolicismo ortodoxo" de Cochabamba, monseñor Francisco Pierini, no tuvo compasión y Montenegro fue excomulgado; mientras Arze, que en otra firmó como Espartaco tuvo una sanción sin muchos inconvenientes.

En su contenido de la revista se encuentra la lucha contra la tiranía "democrática" del gobierno de Bautista Saavedra, el apoyo hacia la Federación Obrera Local Cochabambina; además de los “cuentos, noticias, humor, dibujos, grabados, poesías, unas cuantas caricaturas y también artículos y debates literarios y científicos”, a decir de Huáscar Rodríguez.

Con el paso de los meses, Capriles de a poco terminaría decepcionándose de la ruta que seguía Arte y Trabajo, por este motivo dejó a José Antonio Arze como director de la revista, y así sucesivamente tendrían la dirección otros colaboradores, más nunca Capriles, que buscaría otros emprendimientos. Capriles, luego de abandonar sus actividades con la revista, después de muchos años volvería a ver una colección de Arte y Trabajo en la Biblioteca Pública de Nueva York. Mientras leía los últimos números, veía que la revista tenía inclinaciones al gobierno de Hernando Siles. Decepcionado lanza el ejemplar al río.

En 1929, los jóvenes Guzmán, Montenegro, Céspedes y Arze tomarían rumbos diferentes y otros emergentes grupos colaborarían para que no desaparezca Arte y Trabajo. La revista duró hasta 1934, aún con la difusión de más de 300 ejemplares en plena guerra del Chaco.

Podemos afirmar que, si bien no tuvo un objetivo para la divulgación anarquista, fue el caldo de cultivo para el desarrollo de las nuevas ideas entre los más jóvenes, que con el tiempo tuvieron un fuerte impacto en la política boliviana.

Los jóvenes intelectuales y el Pártido Nacionalista

Los jóvenes intelectuales y el Partido Nacionalista.





Por Oscar Cordova Sanchez


Con el camino libre, sin alguna imposición de otro partido, Hernando Siles formó los cimientos para lograr establecer nuevos cambios ideológicos en el país. Esto fue a partir del sector juvenil, donde se formaron nuevos contenidos nacionalistas y socialistas; con una conciencia de ver la realidad del país, reemplazando al ya viejo sistema gubernamental.

En enero de 1926, con el cargo de presidente de la República, Hernando Siles, empieza a alejarse del Partido Republicano y de su máximo jefe Bautista Saavedra.

Los saavedristas, confiando en su súbdito, no previnieron que meses después de su investidura, abandonaría totalmente del partido que lo acogió. Abdón Saavedra, hermano de Bautista, como vicepresidente electo fue apartado del nuevo gobierno. Siles, ágil y eficaz, para deshacerse de un miembro de su antiguo partido, lo envía por unos largos meses de viaje para agradecer a las naciones que vinieron en el Centenario de la República.

Cambiando su gabinete e impidiendo el ingreso de Bautista Saavedra al país, que estaba fungiendo cargos diplomáticos en Bruselas, Siles buscaba la anexión política del momento, creando un nuevo partido que una a los antiguos partidos con los nuevos ideales de jóvenes universitarios, obreros y artesanos del país.

La Generación del Chaco, aquella muchedumbre que había nacido a principios del siglo XX había visto como dos facciones de un mismo orden, liberal y republicano, se reducían en un inmenso desorden. Los universitarios, con el contenido de sus lecturas marxistas y de autores como Oswald Spengler, José Ingenieros, Miguel de Unamuno o José Ortega y Gasset hacía que esta generación tenga un "stock de ideas".

En mayo de 1926, los rumores apuntan a la conformación de un nuevo partido. Siles era conocido por los universitarios como un hombre de calidad, austeridad y de carácter patriótico; además, compartía nuevas inquietudes de sus antiguos alumnos cuando era docente. Esta confianza afianzó al nuevo partido a delimitar nuevos horizontes y desfilar con paso firme sobre los tradicionales partidos.

Guillermo Lora menciona que estos jóvenes no sólo provenían de grupos focales de la universidad, sino también de agrupaciones culturales como el Ateneo de la Juventud y la Sociedad Filomática de La Paz, influenciados por el modernismo a través de revistas como "Mundial" y la "Revista de América".

El primer acercamiento con los universitarios fue a partir de un reclamo que hizo el presidente de la Federación Universitaria de La Paz, Enrique Baldivieso, quien estaba en desacuerdo con la Gran Cruzada Nacional Pro Indio, organizada por Siles y la Iglesia católica para recaudar fondos para la educación indígena. Baldivieso, no estaba de acuerdo con "la incorporación del indio a la civilización" a partir del credo religioso.

Anulado semanas después este proyecto, Siles invita a Enrique Baldivieso, José Tamayo, Guillermo Alborta, Humberto Palza y Augusto Céspedes, el más radical y joven del partido; logrando llegar a una alianza basada en la formación del partido y su posición ideológica.

En la nueva iniciativa por crear un programa de carácter "revolucionario", Céspedes, Baldivieso y Palza redactaron el programa del nuevo partido, resaltando como menciona Céspedes, "el papel mental de la juventud para guiar al país hacia una forma discreta de socialismo". Varios miembros aliados a Siles como liberales, genuinos y republicanos rechazaron el programa, siendo cambiado a un programa de corte liberal.

En cuanto a los medios de difusión, Gustavo Adolfo Otero, polígrafo de gran calidad, volviendo con otros del exilio que dio Saavedra, decidieron adherirse al nuevo partido para fundar un nuevo periódico llamado Nueva Era, medio de difusión para sustentar las ideas del nuevo partido. Sin embargo, los ataques empezaron a surgir cuando el periódico La Razón, dirigido por su primo Carlos Otero, realizó publicaciones que hacía ver al nuevo grupo como busca "pegas". Así, salió el apodo con el que se los conoció a estos jóvenes: Los Mamones y Supermamones para los de mayor edad.

A finales de ese año, 1926, Siles realiza una gira por todo el país creando células políticas y adhiriendo nuevos miembros como Carlos Montenegro y Augusto Guzmán en la ciudad de Cochabamba. Pero esta fórmula juvenil es escasa, ya que antiguos liberales conocidos como Enrique Finot, Rafael Taborga o Alberto Cortadellas, dirigirán en los próximos meses el partido.

En enero de 1927 se crea oficialmente con el nombre de Partido de la Unión Nacional, conocido después como Partido Nacionalista, siendo su presidente el industrial minero Rafael Taborga. Entre otros miembros fundadores estaban José Antonio Arze, Carlos Salinas Aramayo y Ángel Salas.

El Partido Nacionalista tenía en su programa aspectos que ya habían sido tratados por otros partidos, sin embargo, algunos puntos novedosos en su programa fueron: Leyes sociales en favor de la mujer, del obrero y del niño, igualdad jurídica de la mujer y autonomía universitaria. Si bien estos jóvenes fueron amoldando ideas, estas fueron divagando entre el socialismo, nacionalismo y el comunismo, haciendo que ninguna de ellas fuera implementada totalmente en el gobierno.

En la Convención Nacionalista, 12 de agosto de 1928, con la intención de analizar los cambios que había producido el partido se promulgó un nuevo programa que incluía "la educación netamente nacionalista", "nacionalización de ferrocarriles" y la cuestionada "nacionalización de la minería" que hacía su primera aparición como cuestión nacional. Este último punto, de quiebre en el partido, fue para los jóvenes nacionalistas del ala radical el punto final contra el dominio de la economía por parte de los empresarios mineros.

En la Convención también se realizó la lista de delegados por departamento y miembros del partido. Entre sus miembros destacan Víctor Muñoz Reyes, Daniel Bilbao Rioja, Antonio Diaz Villamil, Alfredo Flores, Manuel Frontaura Argandoña, Carlos Medinaceli, José Antezana, Emilio Villanueva entre otros.

Siles, por ambición personal, fue derrocado en 1930 y también con él se extinguió totalmente el Partido Nacionalista, siendo Montenegro y Céspedes los que estuvieron con el gobernante hasta el final.

Este "nacionalismo romántico", como diría uno de sus miembros, Guillermo Francovich, tuvo en su poder las futuras mentes que iban a explorar la cuestión nacional superando la crisis que dejaría la Guerra del Chaco y también siendo actores directos en la Revolución del 52.

Arguedas y Saaavedra: Fin de un ciclo

 Arguedas y Saavedra: Fin de un ciclo.





Por Oscar Cordova Sanchez


En nuestro país, la difusión de ideas que generan los medios impresos son de mucha importancia para gente que se centra en las opiniones de ciertos intelectuales que, mediante un análisis de los acontecimientos, otorgan rienda suelta a sus pensamientos, análisis y conceptos. En 1928, dos escritores bolivianos encendieron una polémica sobre el curso de las acciones democráticas del país: Bautista Saavedra y Alcides Arguedas.

Ambos se verían en un debate lleno de sentimientos encontrados anexados al clímax que se vivió en esa época. Arguedas comentaba sobre los principios gubernamentales del caudillo paceño y su dirección del país entre 1921 y 1925; mientras que Saavedra respondía a estos comentarios con pasividad ante los ataques del célebre escritor. Era momento para fustigar la acción de Saavedra y dar fin a un ciclo de tergiversaciones sobre el manejo del estado durante el primer lustro de los años 20.

Arguedas se encontraba en Francia, veía los cambios que se realizaban en el país, realizando varios análisis sobre su porvenir, ahora en manos del nuevo presidente Hernando Siles Reyes.

Bautista Saavedra, devastado por la traición política que Siles le había provocado, al no comprometerse con los lineamientos del Partido Republicano y sintiéndose él mismo un objeto sin curso. Inútil de no poder hacer nada desde otro continente, solo le quedaba dar servicio a la patria fungiendo cargos diplomáticos en Bélgica, en el ostracismo que le habían impuesto.

El Diario, que tenía tendencias liberales, publicó a finales de abril de 1928 el artículo titulado Palabras Libres de Arguedas. Éste artículo estaba dirigido “al Saavedra, caudillo político y gobernante que fue presidente de la República”. Arguedas no tuvo compasión con su ex-catedrático de la Facultad de Derecho, que alguna vez absorbió conocimientos de éste y complementaron su apoyo cuando viajaron a principios de siglo a Europa por cuestiones laborales y búsqueda de nuevos ideales.

"Decreta el estado de sitio, viola la correspondencia privada, secuestra y falsifica telegramas, mete en prisión a los estudiantes, detiene y encarcela periodistas, hace cerrarlos periódicos independientes, impone a palos a sus candidatos", son algunas de las palabras que Arguedas escribió en dicho artículo hablando sobre las negativas de sugobierno y comparando su accionar con el libro que Saavedra publicó en 1921, "La Democracia en Nuestra Historia" haciendo dar cuenta que no pregonaba lo que escribía, ni hacía cumplir hechos de justicia y libre expresión mientras estaba en el poder.

Añade Arguedas: "Cuando los jóvenes vean que los políticos sólo prometen lo bello realizable, sólo cuando se hallan lejos del poder y que el secreto... es imponerse para luego destruir sus promesas, entonces ya no creerán nada, renegaran de los mejores y caerán en un utilitarismo de baja calidad" refiriéndose a las acciones que propugnaba Saavedra desde el exterior, y en su intento de llegar a la presidencia nuevamente, tratando de convencer a la nueva juventud que se hallaba sumida en luchas internas sobre nuevas políticas.

El Diario sacó en diversas entregas el documento esperando una respuesta del caudillo paceño. Para terminar y sepultar a Saavedra, Alcides Arguedas menciona: "Siempre habrá usted de gobernar con actos de violencia y esto no ha de hacer otra cosa que sembrar profundos odios, y dejar a la postre una herencia de resentimientos implacables que han de destruir la familia boliviana".

Pero Saavedra, desde su despacho diplomático en el Viejo Mundo, no quiere un simple artículo, publica en más de cien páginas su folleto titulado "Palabras Sinceras para una Historia de Ayer", con respuestas lógicas y abogadiles a las palabras enjuiciadoras que Arguedas realizaba sobre él.

Saavedra acepta los hechos discernidos sobre su gobierno y los remite con justificaciones que hacen los hombres de Estado, impulsados por la política para contrarrestar los dichos que puedan herir a su persona. No solo es un polemista, sino un político de naturaleza. Saavedra hombre combativo, sentimental y sincero explica las demandas que se le dijo:

"Cuando fui gobierno quise ser consecuente a mis ideas, pero al mes de mi exaltación al poder fui saludado con una sublevación del regimiento Loa". Decretado el estado de sitio, a posteriori, quedó suspendido a los dos meses. Quise demostrar, siguiendo mis sentimientos personales, que ese recurso gubernamental no era de mis preferencias... La experiencia vino a probarme que era yo un iluso... Los hechos, que son una lección objetiva en la vida, me indicaron el camino que debía recorrer".

Así, aceptando los errores por su ingenuidad en el mandato al intentar explicar algunas tergiversaciones que sus adversarios le habían hecho, Saavedra reflexiona y hace brillar ante todo la verdad.

El caudillo menciona que decidió "entrar a la política con ideales patrióticos" pero en su trayectoria se encontró con "odios, egoísmos, vanidades, cobardías" haciendo un cambio del pensamiento que tuvo; fue un recurso que "el país, su cultura y las pasiones que se agitan, le obligaban a ser" dando en el punto más sincero a la Bolivia de los años 20.

Demostrando su calidad de agarrar las palabras exactas, se refiere en su folleto en la parte final a Arguedas, quien le había motivado a escribir dicha sinceridad de los hechos y termina diciendo:

"Para Arguedas hacer historia es difamar. Arguedas ha tenido en su vida dos grandes gozos como escritor: el día que ha deshonrado a Murillo, atribuyéndole haberse vendido a Goyeneche, y el día que difamó a su patria publicando aquel célebre libro, Pueblo Enfermo, plagado de dislates, como rico en embustes".

Después de tres años dejado el cargo presidencial, alguien tenía la oportunidad de hacer una crítica de las acciones gubernamentales que Saavedra había realizado. Encontró nada menos que a su antiguo estudiante, afilando la oportunidad para cancelar ese orgullo del saavedrismo, para denostar la falta de libertad de prensa, reprochar los estados de sitio y masacres que había realizado. Ante esto, la decadencia liberal y republicana se hacía inminente. Surgidos nuevos ideales con el gobierno de Siles, había que dar por terminado el debate sobre el gobierno de Saavedra.

Arguedas, afín a su ideología, haría que el caudillo confiese sus errores más que sus aciertos. Con esta polémica se dio fin a las decadentes concepciones partidistas, tanto liberal como republicana, y se inició un ciclo de nuevas ideas políticas.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Radiografia positivista de Rigoberto Paredes

 



Por Oscar Cordova Sanchez 

En los inicios del siglo XX, Bolivia sostenía una disgregación social, donde el regionalismo, la diferenciación de clases sociales y la cuestión del indígena estaban en debate. Todavía no existía una posibilidad de vías de desarrollo  con respecto a su futuro y, peor aún, para su unión entre bolivianos.

El Partido Liberal, con sus dos caudillos,  José Manuel Pando e Ismael Montes, pasado el triunfo en la Revolución Federal, logran adherir a varios jóvenes en sus filas partidistas con el objetivo de renovar el concepto de unidad y progreso nacional. Entre los abogados, miembros del partido, Manuel Rigoberto Paredes (1870-1950), asombrado por la degeneración política liberal, hizo el primer análisis positivista sobre el parlamento boliviano y describió, día a día,  cómo se iba haciendo cada vez más imposible la transición hacia un  cambio progresivo de la política "patológica" boliviana.

En el año 1907 publica su libro "Política Parlamentaria de Bolivia", en el cuál Paredes analiza el sistema político liberal desde un punto de vista sociológico, concentrándose en las conductas, psicología y degeneración de sus miembros. Tal fue la atracción, que, posteriormente, tuvo otras dos ediciones, 1908 y 1911, las cuales fueron comentadas por varios intelectuales liberales de ese momento. Uno de ellos, Bautista Saavedra, comenta que el libro es "un estudio de psicología crítica atinadamente escrito".

El libro se divide en ocho capítulos, destinados a inmiscuirse en varios aspectos sociopoliticos del país, desde el punto de vista de Paredes, analiza en cada capítulo la ruptura de la regeneración política liberal hacia una degeneración partidaria e individualista. Esta tesis habla sobre la conclusión del caracter colectivo boliviano, que deviene de las observaciones que hizo entre 1903 y 1905 cuando fue diputado y representante de la provincia de Inquisivi; este ingreso al parlamento fue clave para sus observaciones y conclusiones que llevarían al futuro etnologo y tradicionalista a dejar su observaciones sobre el psique político por el psique autóctono.


INFLUENCIA SOCIOLOGICA


La importación de libros franceses, alemanes e ingleses traducidos al español por las casas editoriales de Francisco Sempere, Saenz de Jubera o La España Moderna fue de gran éxito en Sudamérica, generalmente y Bolivia, particularmente; estas traducciones ayudó mucho a varios cenáculos literarios a interpretar el país, donde la escuela positiva sentó presencia durante esa época. Para entender el caso de Paredes, debemos ir con sus lecturas y sus autores predilectos como Herbert Spencer, quien afirmó la ley universal  de la evolución entre procesos naturales y sociales;  Emile Durkheim, que consolida la sociología como una ciencia en base a sus estudios sobre la sociedad y el hecho social como cosa observable; Gustave Le Bon, quien afirmó en su libro "Psicología de las Masas", que todo conjunto de masas proliferaba el pensamiento primitivo e invadía la lógica particular de un individuo, convirtiéndolo en un ser manipulable y sin raciocinio adecuado para su desenvolvimiento; Max Nordau, crítico irreverente del fin de secle el cual afirmaba la degeneración del artista por medio de su talento como algo patológico, ya sea escritor, pintor, escultor o poeta. Estas imágenes de estos autores fueron predilectos a que Paredes redacte su libro sobre la patología parlamentaria. 


REGIONALISMO, PSICOLOGÍA NACIONAL Y TARAS COLECTIVAS


Si bien los autores mencionados ya han sido superados en cuanto al tratamiento y mejoramiento del desarrollo de la materia sociológica, estos solo fueron impulsores más no actores directos en la visión objetiva del escritor paceño. En el parlamento boliviano, caso especial, Paredes clasifica a sus componentes por la originalidad de estos, suponiendo su heterogeneidad de pensamientos de acuerdo al departamento que representan. Estratifica en aymaras (paceños), quechuas (cochabambinos) y guaraníes (cruceños) donde califica 1ue la unión patriótica de estos grupos regionales no solamente sería una ilusión, sino de "poderse lograr en un momento y espacio dados seria un mal". Tomando la fuente y psique del paceño toma como primer punto su carácter "soberbio  y orgulloso", destinado este departamento a ser conductor del país, pero deplora el "egoísmo indígena aymara", y sean fáciles de ser manipuladas; en cuanto al psique cochabambino llama la atención su "idealismo sentimental", conmovido por cuestiones más universales sobre el desenvolvimiento del ser humano que asuntos patriótico; en el crucero domina la ausencia de espíritu nacional y lo fustiga Paredes por su incapacidad de adherirse al proyecto nación. 

Además, crítica la ceguera de la población al confundir el intelecto con el traje, mientras mejor vestido, más acaudalado es y mucho mejor entendido en la materia. Su crítica es más llamativa para el cholo mestizo, embrollo citadino  que emerge ante la migración rural y demuestra su situación de un ser manipulable y fácilmente corruptible. Sentencia a estos estados sociales de la nación  como "un pueblo sin previsión, sin carácter, sin ideales fijos, afectos a las reformas teóricas y aparatosas".


ELECCIONES, ALCOHOLISMO Y PARASITISMO PARLAMENTARIO 

 

Las características en cuanto a la forma de acceder al voto y elegir un representante son el fraude electoral, cohecho y la "masa bruta", calificativo que toma Paredes de Le Bon para sacudir a estas muchedumbres heterogéneas del estado marginal en el que perviven para promover revuelta durante elecciones, ya sea en algún municipio alejado o en algún punto de la ciuda. Entre estos seres están los analfabetos, delincuentes y los malvivientes que son manipulados al antojo del régimen gubernamental a su favor y así erradicar toda oposición política. Añade Paredes la ausencia de un componente social imparcial a la hora del recuento de votos, esto debido a precautelar su seguridad personal antes que persecuciones posteriores. Culpa a la cúpula del partido política gubernamental por el hecho de conformarse solamente por "facciones, banderías o carácter marcadamente personal", siendo inútil la entrega del talento a factores productivos para el país. A esto añade el tema de la embriaguez juvenil y su adicción al alcohol para ponderarse en cierto nivel de aceptación social y, así, lograr subir escalones para un cargo político; de esa manera, las sesiones parlamentarias vician el ambiente y convierten en una "epidemia social" todo aparato etílico que sirva para manipulación y adherencia a cierto partido. Fulmina nuestro escritor con la consecuencias inevitables a los futuro directores del país, maleados por una ambición de llegar al poder y hacer del.pais un espíritu "deprimido", carcomido por proyectos de ley que benefician a pocos y selectos.


LA SOLUCIÓN DEL FUTURO DE LA RAZA


Paredes líquida con una conclusión directamente atacando al sistema legislativo, por "imitar" leyes a nuestro medio, cuales no se adecuan por el mismo hecho de la falta de estudio de la embrionaria psicología nacional. Para ello exalta la labor de los fundadores de la República, poniendo en alto la capacidad de su talento para dirigir esa nación que Paredes ve poco a poco degenerando. A todo esto, coloca dos objetivos para el mejoramiento del país como la inmigración europea, por su capacidad científica de sus hombres, ademas, admite que "el cruzamiento con con el blanco nos conduciría a un progreso social y político efectivos" y la creación de leyes adecuadas a las tradiciones del país y ser obedecidas conforme a sus términos. Sólo así el país podría subir el escalón de la desunión, corrupción y la defectuosa psicología nacional. 

Este libro, predecesor del demoledor estudio de Alcides Arguedas, Pueblo Enfermo (1909), inició las cuestiones sociológicas del país y la intención de buscar una respuesta al tema de la nación boliviana y cómo dirigirla a futuro, poniendo énfasis en la crítica a la conducción política gubernamental, tan llena de individualismos como de ambiciones grupales.


domingo, 27 de marzo de 2022

APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA DE ANTONIO PAREDES-CANDIA

APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA DE ANTONIO PAREDES CANDIA


Antonio Paredes-Candia a sus 20 años en su servicio militar en 1944.



Por Oscar Cordova Sanchez 


Los comienzos de un gran talento suelen tener grandes proyectos con pequeños espacios para ocupar ese universo que llamamos arte. Antonio Paredes-Candia (1924-2004) surge más allá de esas visiones colectivas, donde lo particular de un lugar o grupo social se logra hacer general y dinámico, compartiendo nuestras tradiciones, leyendas o mitos; profundizando nuestras sensibilidades ancestrales de nuestro pasado común. Un aura espiritual lleva cada libro suyo que yace siempre buscado para ser leído.

Para comprender un esbozo general de los datos que se desconocen sobre la vida de Antonio se debe mencionar, como ya se sabe, la educación recibida por su padre Manuel Rigoberto Paredes (1870-1951), escritor, tradicionalista, político y más que todo un amante de la raza aymara y sus costumbres, fue de vital importancia para los futuros trabajos que continuaría su hijo. 

Esa inquietud, siempre curiosa, por los habitantes del altiplano dejó como legado a sus hijos y en especial a Antonio, quien se pasaba desde muy niño leyendo libros sobre sociología, historia y literatura. 

INICIOS 

Antonio con mucha empatía y generosidad veía siempre el alma nacional en la raza aymara, núcleo fundamental de sus estudios, que exigía un corpus histórico sobre el lugar donde nacieron. Otra constante que llevó en su vida desde niño fue el viaje y la lectura de libros, netamente enmarcados en el folclore boliviano y autores de su predilección como Arthur Posnansky, Fray Nicolas Armentia, José Agustín Palacios, Ricardo Palma, Vicente Ballivian o Julio Lucas Jaimes. Desde su adolescencia fue un ser inmiscuido en la labor de corregir textos, colocar tapas y ser recolector de folletos, manuscritos y documentos para resguardarlos en un lugar de su extensa biblioteca. Con el tiempo se haría un gran investigador y construiría un nuevo concepto sobre el folclore boliviano y hacia dónde va, uniendo varios hilos en temáticas como sociología, leyenda, tradición, literatura, historia y política. 

LA EDITORIAL ISLA

Para este esbozo necesitamos la colaboración de Huascar Paredes-Candia Mamani, hijo de Antonio, quien nos revela unos datos importantes sobre los inicios de la Editorial Isla, nombre inspirado por el mismo hecho que la lectura y la publicidad de libros bolivianos se encuentran, hasta el día de hoy, en el ostracismo pedagógico del país. 

La idea nació en el centro minero de Quechisla, en el departamento de Potosí, cuando Antonio cumplía sus labores como profesor de primaria de una escuela en esa localidad.

Fundada en 1955, sus primeros textos fueron pequeñas revistas conocidas como pimpollitos que eran cuentos para niños con varias ilustraciones. Títulos como Botones de Oro, Villaco o la Gaviota fueron, en primera instancia, para enseñanza a sus estudiantes. 

De a poco, con la editorial en crecimiento, junto con su hijo, viajaba con su k'epi de libros a distintos lugares de Bolivia como Yacuiba, Villamontes, Villazón donde su fecunda labor de compartir y dar a conocer libros bolivianos hizo que en varias ciudades se realicen las primeras ferias de libros en plazas principales. Esto ayudaba, además, a promocionar a escritores noveles como Rene Poppe, Victor Vara Reyes, Manuel Vargas o escritores destacados del momento como Guillermo Lora, uno de sus mejores amigos, Julio Diaz Arguedas, Ramiro Condarco Morales, Guillermo Francovich entre otros. Si bien Antonio publicaba nuevos títulos, no había auspicio estatal para presentar las novedades; entonces, en cada viaje, se hacía la presentación junto con la inauguración de la feria.

En la década de los 60 y 70, Antonio Paredes Candia ya había recorrido más de 80 % de Bolivia, dando a conocer varios títulos que la editorial Isla publicó. Tanto fue la atracción de estos libros, en su mayoría de bolsillo, que rápidamente se acababan antes que otros títulos extranjeros. 

FORMATO DE LOS LIBROS DE LA EDITORIAL 

Una de las características de los libros de su editorial fue el formato. Mayormente los pliegues de hojas eran colocadas en cada libro, pero sin ser cortadas, dando como reto al lector cortar las hojas de papel al momento de leer el libro. Otra de sus innovaciones fue la promoción de biografías de personajes bolivianos en su colección llamada Destinos que incluye 18 títulos biográficos sobre escritores, artistas y pedagogos destacados del pasado. Acá podemos encontrar biografías como de Ismael Sotomayor,  Gabriel Rene Moreno, Maria Josefa Mujia o Vicente Pazos Kanky.

ALGUNOS RELATOS Y CUENTOS DE ANTONIO

Huascar, tratando de recordar un poco sobre el origen de algunos títulos de su padre, menciona que siempre portaba una libreta donde escribía cualquier dicho popular, leyenda o hecho curioso de un lugar. De cierta manera, recopiló varias anécdotas que, a futuro, terminaron en varios títulos conocidos por el público nacional, combinando su vida a través del viaje y la experiencia. 

En "Aventuras de dos niños" (1986), hace una comparación de la ingenuidad rural migrando a la ciudad. En el caso de "Isolda: historia de una perrita" (1996), Paredes narra la biografía de su fiel compañera canina. En el libro "Ellos No Tenían Zapatos" (1989), fue la dramática vida de Antonio en sus primeros años viviendo en la zona de Villa Ingenio, el cual no tenía servicios básicos en muchas viviendas, viendo esto cada día a varios niños lustrabotas bajar a la ciudad de La Paz, fue el fruto de inspiración para su famosa novela corta. Además, cultivó la investigación sobre el folclore de nuestro país, plasmados en sus libros como "Tradiciones Bolivianas", "Fiestas Populares de Bolivia", ambas publicadas en 1976; recopiló nuestra costumbres populares de nuestra ciudad en el libro "De la Tradición Paceña" (1982). 

Uno de los títulos que más se vendió fue Leyendas de Bolivia (1986), teniendo varias reediciones. Siendo uno de los libros más vendidos de toda la bibliografía de Antonio Paredes Candia.

La última reedición fue publicada el 2021, financiada por Word Analytica Oy, y editada por Mario Aguilera, en una edición de lujo con una tapa empastada y hojas con el borde dorado.

Al día de hoy la familia Paredes-Candia, continúa con la reimpresión de libros de la extinta editorial Isla,  a pesar de la digitalizacion de varios libros. Don Huascar desde su puesto en la avenida 06 de marzo en la ciudad de El Alto sigue recibiendo visitas de investigadores y literatos donde se informan de algún tema para estudiar la obra de Antonio Paredes-Candia y conocer los más de 120 títulos que produjo y encendió la mecha de la investigación sobre nuestro pasado, tan lleno de misterios, orígenes y, más que todo, costumbres. 

domingo, 20 de febrero de 2022

La Ilustración: Entre el arte y la caricatura política.

La revista La Ilustración. Entre el arte y la caricatura política.


Por Oscar Córdova Sánchez

Consultor Educativo y Cultural

Aproximarse a las vanguardias de los años 20 del siglo pasado en Bolivia, estaría desierta sin un estudio referente a las revistas y cenáculos literarios que dieron vuelta el enfoque de las letras bolivianas. Se buscaba una nueva forma de reinterpretación del país, a partir de un análisis más detenido en el “zoológico político” del país. Combinando el humor y el arte, nacía por estos motivos La Ilustración.

A inicios de esta década, el Partido Republicano llegaba al poder por medio de un golpe de Estado, eliminando dos décadas de dominio liberal. Llegaba 1921 y Bautista Saavedra, ensayista y sociólogo, fagocitaría su propio partido y tomaría otro nombre, Partido Republicano Socialista, apoyándose en artesanos y universitarios, quienes veían a Saavedra la coordenada exacta que dirigiría la construcción de la identidad nacional. Meses después, el saavedrismo se haría sentir más aún: un estado de sitio sería su marca de inicio gubernamental. La ingenuidad boliviana volvía a caer. 

Ante estos hechos tan heroicos para el caudillo y tan depresivos para varios jóvenes que habían hechos loas antes al gobernante, debían crear una fórmula de unidad sostenible, pero se truncó ese deseo colectivo. A partir de ese momento se crearían revistas, folletos, crónicas y cuentos con relación al gobernante y su forma de ejercer el poder estatal. Aquí entra en idea La Ilustración. Fue un momento clave en la cultura boliviana y su modo de expresión fue más directa.

Los artífices de este emprendimiento: Gustavo Adolfo Otero y Ángel Salas, quienes ya habían tenido lides en otras circunstancias pasadas, venían de una generación continuamente formada por los cambios suscitados en el país e influenciados intelectualmente por el espíritu patriótico de Daniel Sánchez Bustamante. Su objetivo: buscar la conciencia y espíritu nacional. 

Otero, viendo el desfase del gobierno busca colaboraciones para la elaboración del nuevo proyecto. Esteban Riccio, hombre de negocios y dueño de una casa comercial, se interesaría por las inquietudes del joven Otero, logrando aceptar el trato y bajo el nombre de La Ilustración, la revista nacía como una esperanza prometedora hacia el público. 

El primer número de la revista salió el primer domingo de febrero de 1921. Llevaba el nombre de “La Ilustración. Revista Semanal de actualidades, información gráfica y literatura”. Con un precio regular de 0.30 Bs. podía ser adquirido en sus oficinas de la calle Yanacocha, así como en el interior y exterior del país. Además, tuvo una alianza estratégica con la casa editora González y Medina para la publicación en su librería El Siglo Ilustrado. La revista, a los meses, tuvo difusión en algunos países como Perú y Chile, esta acción fue gracias a los contactos de Riccio, quien tenía una amplia red de contactos.

Entre dibujantes y fotógrafos

El punto más destacado y que caracterizó a la revista, desde su primer número, fueron sus portadas y sus diversas fotografías de diversos acontecimientos, personajes y lugares del país. La revista movía el talento de dibujantes emergentes como los hermanos Guarachi, Fernando y Ernesto, y Antonio Sotomayor, uno de los mejores exponentes de la caricatura boliviana de ese tiempo. 

El talento era notorio. Basta con ver las ingeniosas caricaturas de cada “accidente saavedrista” colocado en diferentes partes de la revista, resaltando el humor y la burla directa al gobierno. El caso fue mayor a mediados de 1921, cuando el insigne poeta Ricardo Jaimes Freyre y el historiador Alberto Guitierrez fueron invitados por Saavedra para asumir cargos ministeriales. Desde ese momento fueron caricaturizados por sus acciones como ministros. La triada Jaimes Freyre-Gutierrez-Saavedra fue el circo humorístico de la revista, desnudando su falta de capacidad en la dirección del país.

En otro sector, la demanda de adquisición la revista fue por la fotografía. Los aportes fueron de Enrique Kavlin, José Nicolas Piérola y José Velarde; además, se tuvo como colaboradores a Luigi Doménico Gismondi, Luis Bazoberry y Julio Cordero, éste último exiliado por el gobierno de Saavedra. La revista hacía honor a su nombre, el éxito fue de golpe, los tirajes se acababan rápidamente y la imagen de los acontecimientos de ese tiempo son ahora una fuente invalorable de información y estudios. 

Tanto las caricaturas y fotografías incluían contrastes diferentes al progreso que Saavedra hacía ver. Así, la revista dio sus aportes en la fotografía de políticos, paisajes de nuestro país y alguna que otra calle ya desaparecida de nuestra ciudad.

Crítica a las liendres políticas del país

El análisis coyuntural de ese momento fue determinante en la revista. Su director, Gustavo Adolfo Otero, bajo el pseudónimo de Nolo Beaz, escribía la sección más interesante de la revista: Figuras Convencionales, caracterizada por la descripción de cada político y miembro gubernamental de forma pintoresca, humorística e hiriente. 

Además, Otero tenía otros columnistas y colaboradores en la revista con diversos pseudónimos como Bienvenido a Casa, Dyonisios o Kim: esto con la finalidad de impedir un arresto por parte del gobierno.

Los redactores y colaboradores

Entre los escritores, estuvieron inmiscuidos amigos de Otero, quienes destacaban por su crítica elocuente. Entre estos estaba Alberto de Villegas, Humberto Palza, Angel Salas, Manuel Baudoin, Saturnino Rodrigo y Rafael Ballivián. Además, la revista promovía el talento literario femenino con escritoras como María Quiroga, Ernestina de Ayoroa y María Josefa Terrazas. 

Cada fin de año, Almanaque Boliviano, libro publicado por la revista, reunía los mejores textos de ese año, donde estaban poesías, ensayos, reseñas, cuentos, estudios arqueológicos de varios intelectuales como Alcides Arguedas, Adela Zamudio, Arthur Posnansky, Jaime Mendoza, Casto Rojas entre otros. 

La clausura definitiva

Todo parecía ir bien para todos los miembros de la Revista, pero fue la furia de Saavedra que dominó más y su blanco fue su director: Otero. Con amenazas de muerte y destruir los talleres de Riccio, Otero se vería forzado a renunciar a la revista, siendo exiliado al norte de La Paz. La revista duró hasta finales de 1923, meses después del exilio de su director. Riccio cerraría la Casa Editora Riccio y volvería a sus quehaceres comerciales. 

La Ilustración fue una de las primeras revistas donde se fusionó arte, literatura y fotografía. Promoviendo y mejorando el espíritu artístico boliviano, a la par del análisis coyuntural del país, lograron un amplio alcance en poco tiempo.

Claridad. La revista de la élite intelectual sucrense

  Claridad. La revista de la élite intelectual sucrense. Oscar Córdova Sánchez Consultor educativo Texto originalmente publicado en el s...