miércoles, 15 de marzo de 2023

Alcides Arguedas y Max Nordau

Alcides Arguedas y Max Nordau


Max Nordau

Oscar Córdova Sanchez

En la historia de las ideas en Bolivia, muchos intelectuales se formaron clásicamente con libros importados de casa editoriales francesas, alemanas o inglesas, procuraban comparar el movimiento filosófico y sociológico de boga en Sudamérica con nuestro sistema republicano basado en un caudillismo gubernamental y un atraso cultural indeterminado. Si bien estos personajes, en su mayoría, descendiente de familias criollas y de buen augurio económico, lograron compenetrarse y analizar a ciertos autores europeos como Nietzsche, 

Schopenhauer, Spencer, Guyau entre otros, dieron su criterio de introducir las ideas de estos pensadores a nuestro medio, con el fin de actualizar la lista de reformas pedagógicas y sociales del medio. Un caso fue la recepción del pensamiento del controvertido médico húngaro Max Nordau, donde el dilema de la “honestidad intelectual” generó un análisis en Alcides Arguedas.

Simon Maximilian Sudfled, más conocido como Max Nordau (1849-1923), fue médico, escritor y fundador del movimiento sionista -a pesar de ser agnóstico-, sería el centro de debates y discusiones intelectuales europeas a finales del siglo XIX. De ascendencia judía española y de origen húngaro, se destacó por su agilidad en el ensayo, logrando abarcar varios ámbitos como la filosofía, sociología, política y crítica social, esta última en boga y altamente frecuentada por varios escritores europeos, ya que se veía al nuevo siglo con mucha incertidumbre y como un constante retroceso del ser humano, conocida esta época como de “crisis e inseguridad cultural”. En su máximo apogeo intelectual llega a publicar varios escritos siendo los de mayor demanda Las mentiras convencionales de nuestra civilización (1883) y Degeneración (1893), siendo esta última la más polémica y que dió un amplio debate, donde varios escritores europeos y no europeos se vieron enredados para conceptualizar sus formas de interpretación. 

Las mentiras convencionales de nuestra civilización, cuya tesis se ocupa de las mentiras de organizaciones colectivas como la mentira religiosa, monárquica, política, económica e incluso la mentira del matrimonio, calificando a la humanidad como una “comedia profundamente inmoral”, proponiendo una “armonía final” basado en una civilización “de verdad, de bienestar, de amor al prójimo”, basado en un moral separada de todo egoísmo, mentira e hipocresía.

En cambio, en Degeneración, rompe ídolos y realiza una radiografía de los cánones artísticos y literarios, explicando su desarrollo psicológico, patológico, estético y social hasta esa época. El libro, dedicado a Cesar Lombroso y nombrándolo como una de las “más soberbias apariciones intelectuales del siglo”, va con la fusión de la literatura y la enfermedad, figurando en sus páginas la decadencia europea y analizando a varios degenerados que “no son siempre criminales, prostituidos, anarquistas o locos declarados; son muchas veces escritores y artistas”, denunciando la fama que estos sujetos tenían la cantidad de seguidores, donde se formaba una nueva generación con tendencia en la “locura moral, la imbecilidad y de la demencia”, solamente transmitida por estos pintores y escritores en boga. Divide su estudio en dos grandes partes: primero,  dar conceptos sobre el término fin de siecle, analizando la cúspide de la inmoralidad, el odio y la fatalidad humana, llegando a la conclusión de un “desprecio de las convenciones y de la moral tradicionales”; en cambio, en la segunda parte, analiza cada corriente literaria y artística del siglo XIX, agrupando cada una por un representante, como Verlaine y los simbolistas, calificados como un grupo derivado del misticismo; Baudelaire y los diabólicos; Oscar Wilde y los decadentes; Zola y los plagiarios del realismo, entre otros representantes de la música como Wagner y su culto. Toda una gama de representaciones donde las palabras degeneración e histeria serían los síntomas más comunes entre estos personajes. Definiendo como enfermos y degenerados a los representantes de cada movimiento artístico de moda. 

Para Nordau no había una solución esperada, solamente una terapéutica, un tratamiento capaz de detener toda forma de simulación, enfermedad y cronicidad patológica en la literatura. Atender y clasificar cada corriente literaria, artística y musical fue para el un avance en la manera de concebir la enfermedad en ciertos autores y su exteriorización mediante sus creaciones, logrando crear un manicomio de artistas, desde un punto de vista radical, y darles un diagnóstico y tratamiento para su posterior cura. La recepción en Europa no se dejó esperar. 

Muchos críticos, lectores y público en general corrían rápidamente al puesto de ventas de libros más cercano, para poder comprobar los aciertos y desaciertos del doctor Nordau y su análisis de cada artista.

Varios escritores latinoamericanos consultaron la obra y vieron a un nuevo redentor que pueda guiar a sus naciones creando un arte auténticamente novedoso y nacional. Algunos de sus admiradores fueron los centroamericanos Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo.

El libro circuló en varios idiomas, pero todavía había que esperar hasta 1902, cuando el estudioso Nicolas Salmerón hizo la traducción en español. Para esta época Nordau seguía siendo leído y sus obras posteriores también se dejaron sentir en el ámbito nacional.

Como menciona Romero Pittari, la recepción de ideas y literaturas tardías, se debió al atraso de la importación por una falta de acceso a corrientes más cosmopolitas, debido a la falta de conexiones ferroviarias con puertos del Pacifico. Pero, a pesar de ese atraso, nuestros pocos cenáculos intelectuales recibieron varios textos traducidos, en estos estaba el de Nordau, el cual escritores como Arguedas, Paredes, Chirveches, Saavedra, Prudencio Bustillo entre otros rescataron ideas de este polémico escritor. 

Arguedas

De todos los autores bolivianos que leyeron a Nordau, solamente Arguedas logra interpretar, estudiar, leer y, finalmente, conocer personalmente al autor de Degeneración.

En su polémico libro Pueblo Enfermo (1909), en el capítulo X Causas de la esterilidad intelectual, da posturas relacionadas con el arte y literatura del país. Aplica la teoría de Nordau hacia las letras nacionales, donde la “cuestión del ambiente” anula toda formación artística y sólo se recurre a métodos personalistas para simular la erudición a través de la prensa y ganarse loas efímeras y un puesto en algún gobierno de turno. Menciona el atraso por la “monótona repetición de temas sentimentales” y el “esmerado cultivo del yo”, desprendiendo su facultad hábil para imitar corrientes literarias externas y llenar su vacío espiritual con lecturas enfermizas de escritores destacados. Arguedas da pistas de cómo el alma intelectual boliviana no tiene un rumbo fijo y arremete contra la recepción local. Si bien escritores “degenerados”, como Nordau proclama, formaban escuelas literarias propias de una época y ambiente, ¿por qué en Bolivia no se aplica esa dinámica? La falla radica en precaria difusión de esas literaturas. Sean de un alma atormentada o que tenga facultades para transmitir en su poesía esa manifestación patológica que Nordau denuncia en su obra. Claramente, Arguedas, propone la amplia aceptación de diversas corrientes foráneas, pero adecuándose a nuestro suelo y componente social. Superando la psicología de su autor, lo que se debe estudiar es la obra y ver si es apta a nuestro precario lector boliviano.

Como ya se conoce, la aceptación del libro fue una derrota en el país y una victoria en el exterior, sea por los comentarios elogiosos o por las críticas a ciertos capítulos del libro, Arguedas alcanzaba la fama internacional. La recepción de cartas de varios intelectuales llegaba a diario. En mayo, llegaría la carta del médico húngaro anotando palabras de halago por el libro “más que valiente, temerario”, viendo en Arguedas al “hombre que no vacila en decir tales verdades a su patria, con el fin de curarla”.

Años más tardes, publicaría fragmentos de su vida en Europa y sus inicios como escritor en sus dos tomos de La Danza de las Sombras (1934). Libro ameno, dinámico y de sincero aprecio de la verdad, mostrando los fracasos y aciertos de su obra y vida. En uno de esos relatos menciona como recepción las ideas de Nordau influyeron en su literatura, en aquellos tiempos de las “bellas relaciones y de los recuerdos imborrables”. Considera un impacto moral leer las obras de Nordau, sacando una “provechosa lección de honestidad intelectual de ciertos escritores”. Admite el disgusto por el escritor europeo por generar publicidad en torno al análisis de escritores renombrados. Fama, dinero y beneficios era lo que Arguedas negaba en su apreciación, pero, sin embargo, adopta ciertas ideas del médico ya expuestas en su libro. Años más tarde, en España, logra conocer a Nordau, y advierte la sinceridad de este escritor, ya que “ataca sin medida a todo lo que sobresale; privadamente, alaba todo lo se le envía”. La conversación fue corta y más se dedicaron a una sesión de guitarra en mano.

Vemos en Arguedas el cambio notorio sobre el medico hungaro, que, al principio, toma ideas relacionadas al modo de escritura y la influencia en sus seguidores, para luego, en una etapa intelectual ya madura, rechazar sus ideas por solo ser llenas de fama, dinero y mucha publicidad, sin dar una solución a esas inquietudes intelectuales del momento. Arguedas, a lo largo de su vida, iría decepcionándose de sus antiguos referentes literarios, y el tema de la honestidad intelectual sería su mayor reto.

La tragedia de Pando y la censura al cuadro de Borda

 

Retrato mortuorio de Arturo Borda 




Oscar Córdova Sánchez

Arturo Borda, entonces conocido por pequeños cenáculos literarios del medio, daría un salto a la fama mediante un polémico retrato del expresidente Gral. José Manuel Pando.  Aquí detallamos los inicios tempranos de la censura hacia el arte en nuestro país.

Es de conocimiento casi general que Arturo Borda, pintor autodidacta, brilló más por su talento que por las pocas exposiciones que tuvo a lo largo de su vida. Muchas veces tuvo que ser exiliado por parte de muchos círculos artísticos, por su capacidad de plasmar el problema social en sus obras y dar un claro apoyo al movimiento obrero. Colocando su pincel y pintura a favor de los círculos sociales emergentes, puso énfasis en dar a conocer sus motivaciones y pensamientos en muchas obras, hoy, casi la totalidad de sus obras, más de 2 mil, están desaparecidas o en casas particulares. 

Para 1917 con la nueva política liberal, anulando todo movimiento opositor, genera un malestar en la ciudadanía y, en especial, en Borda, decidiendo negar su apoyo a José Gutiérrez Guerra, militante liberal, y, además, candidato a la presidencia.

En esos momentos tensos la muerte inesperada del expresidente y General Mayor José Manuel Pando marcó un antes y después en la forma de la conducción política del país. Se hablaba de un “crimen político”, manifestado por los voceros republicanos, donde años más tarde llegaron al poder. En este sentido, Arturo Borda, plasma su adhesión republicana mediante un polémico cuadro al cual la política municipal de la ciudad de La Paz trata de erradicar para no promover una insurrección popular en contra de los liberales. 

La tragedia del Kenko, lugar donde fue encontrado Pando, aquel 20 de junio, tres días después de su deceso, sacó muchas teorías sobre el suceso y también muchos homenajes rápidamente. Esto fue el detonante para la caída total de los liberales en el gobierno. Fue fácil encontrar acusados y presuntos asesinos, entre ellos estaba el banquero Gutiérrez Guerra; aun no siendo presidente, ya que el 06 de agosto, recién sería posesionado como tal. Solamente un joven de 17 años, Alfredo Jauregui, sería acusado y fusilado diez años más tarde. A manera de buscar un culpable cobraron la vida de un inocente y callaron la verdad, ante todo. Un crimen injusto, innecesario y por lo tanto políticamente degenerado, ya que años más tarde se daría a luz que la muerte de Pando sería por un derrame cerebral ocasionado por la ingesta de bebidas en la casa de los Jauregui. 

La prensa opositora no dejaría de escribir varias columnas los días siguientes sobre este luctuoso hecho. En este sentido, Borda, se perfilaba como una promesa en el arte boliviano, y provocó gran interés en su pincel por plasmar al expresidente fallecido.

Todavía no reconocido como un pintor de talla nacional, a pesar de las buenas críticas de sus exposiciones en 1915 y su relación amistosa con ciertos escritores como Gregorio Reynolds, Juan Capriles, Federico More, entre otros, recién se incursiona en la demanda popular mediante el trazo artístico, logrando dar un impacto social con un retrato a modo redentor de Pando. 

En el mes de julio se exhibe el cuadro de Borda, en la Casa Grande, propiedad de Enrique Borda, ubicado en la calle Comercio. Pintada al óleo donde se muestra la cabeza de Pando, con los ojos cerrados y con una herida en la ceja izquierda. Dando la impresión el retrato como si fuera la muerte de un santo, conmovió a la población; más aún con la teoría de que fue un crimen político, Borda incursionará efímeramente en una denuncia pública. La recepción fue grande.

En esos momentos nerviosos para los liberales, deciden retirar el cuadro, ya que también se reproducen otros bocetos en otras galerías céntricas de la ciudad. Borda recibe la atención de la prensa por el polémico retrato del expresidente.

Periódicos como el Diario, La Razón y El Hombre Libre, dan a conocer la recepción llena de ovaciones y aplausos por la valentía del autor. No fue sino hasta pasados días de su exposición, donde se decide retirar el cuadro por orden municipal.

En medio del caos político, se logra identificar quién fue el responsable de retirar dicho cuadro de la Casa Grande: José L. Calderón, inspector de la policía del Honorable Concejo. Las justificaciones del retiro las publica mediante una esquela donde explica los motivos del retiro del cuadro del ex mandatario donde enumera criterios por los cuales debería no solo retirarse, sino destruirlo. Entre sus criterios está la forma en como está representado el retrato, de manera macabra y ausente de toda moral, especialmente para la familia doliente; así como también asocia este retrato al de un nicho, pensando que el retrato fuera de un anciano con aspectos similares al de Pando y, por último, por el “peligro” que corrían los espectadores denominados como “gente del pueblo” que deambulaban por el centro de la ciudad. Aquí ya se puede ver aspectos a favor de la clase media por parte de Borda, quien será un flamante defensor de los derechos obreros y mineros años más tarde.

Al final, después de varios reclamos de la prensa opositora, la recepción del cuadro duró días y, posteriormente fue retirado. Pero, ¿dónde está el cuadro original? Al día de hoy se haya perdido, posiblemente fue quemado o entregado a los basurales de la ciudad. El caos del momento hizo que el cuadro de Borda no se expanda a otras ciudades donde se trataba de buscar al director del crimen, pero también se trataba de calmar el malestar de las masas que estaban dispuestas a realizar una revuelta civil, sino se daba a un culpable. Si bien Borda no fue el único en hacer un cuatro en relación a la muerte de Pando, fue muy censurado por la forma en cómo se representaba a Pando. Años más tarde, otro pintor, Cecilio Guzmán de Rojas, antes de su viaje a España, pintaría el cuadro El Proceso Pando, pero, a diferencia del cuadro de Borda, este no recibiría ninguna censura ni retiro en galerías comerciales. 

El mes de julio fue para Borda el inicio de su carrera artística como tal, si bien fue de impacto político su obra, no deja de impresionarnos la inquietud que causó la obra en los medios de esa época. En una sociedad conservadora y dirigida por elementos elitistas, no dejaron la libertad de expresión artística en el pintor.

Esta fue la primera censura del siglo XX hacia obras de arte que tengan un impacto político y social. Décadas más tarde se haría común la censura y destrucción de cuadros de varios artistas del país, cuando se acercaba una insurrección o cambio de gobierno, especialmente de corte militar. 

domingo, 11 de diciembre de 2022

Algunas polémicas de Arguedas Parte III

 Algunas polémicas de Arguedas Parte III






Oscar Cordova Sanchez


En el año 1922 se publica Historia General de Bolivia, fruto de una investigación que le tomó a Arguedas alrededor de diez años, cuando se comprometió en 1912 con el historiador francés C. Seignobos para dar a luz a su nueva obra, según confesión propia. Este estudio originalmente debía ser publicado en francés para el tomo décimo de la “Historia de los pueblos latinoamericanos de América”, pero las dificultades editoriales retrasaron su publicación hasta 1923; Arguedas, impaciente por su obra, decide dar los escritos a la casa editorial Arnó Hermanos y así logra publicarse primero en el país antes que en Francia.

Esta obra, dedicada a la “juventud estudiosa de la Patria”, cambiaría el enfoque de varios escritores emergentes de todo lado del país y el eco de sus apreciaciones no se dejaría esperar. Cumpliendo con el deber de desarrollar cada capítulo de su obra y convertirlo en un libro posteriormente, en 1923 dió a luz La Fundación de la República, donde describe con más profundidad, serenidad y detenimiento el origen de la República desde las insurgencias de 1809 en Chuquisaca. A partir de este primer tomo, su obra histórica tendría serias consecuencias por mostrar la historia del país de una “tristeza infinita, pues es la historia de un pueblo pobre y sin cultura”, como afirmó hace casi un siglo atrás. Las críticas y las polémicas no se dejarían esperar, ya sea un reclamo a su método de estructura de su obra como su recepción en la juventud boliviana. Estas dos polémicas, si bien no fueron desarrolladas por otros historiadores y lectores de Arguedas, tiene el fino estilo de rectificación y conciencia de honestidad, ante la verdad de los sucesos de nuestra historia, y destino, sobre la nueva generación de escritores de ese momento, buscando una mirada menos pesimista del país.


Luis Paz 

Para el año 1923, el escritor, periodista e historiador tarijeño Luis Paz cumplía el cargo de Presidente de la Corte Suprema de Justicia, y su fama acrecentada de lector por nuestra historia como historiador demandó mucha atención como el más apto para escribir la historia de nuestro país. Libros como  El gran tribuno. Biografía De Don Mariano Baptista,  Estudios históricos de Monseñor Miguel de los Santos Taborga o La Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de la Capital de Charcas dieron el crédito de su intelecto y la prensa internacional ya clamaba por su rectitud e imparcialidad al momento de describir sucesos. Al decir de la prensa argentina, Paz “era uno de los bolivianos más dignos de aprecio y la estimación”. 

Para ese mismo año Arguedas publicaría su primer tomo de historia La Fundación de la República. Agradecido con compatriotas que lo ayudaron a escribir su hisotria con mayor severidad y sinceridad de los hechos, agradece a Luis Paz con varios gestos de empatia y determinando su gran aptitud de patriotismo. Es en ese extenso párrafo donde Arguedas arremete contra el historiador tarijeño cambiando su lado amable a uno de observación y juzgamiento. Se hacen observaciones a la obra publicada Historia General del Alto Perú. Hoy Bolivia de Paz publicada en 1919, califica dicho texto de “acopio cronológico”; además, lamenta la “presentación incorrecta”, por el olvido de los tipógrafos de colocar comillas las citas de testimonios del segundo tomo de la mencionada obra. Afirmando, categóricamente, que todo el tomo, en su integridad, pertenecen a escritos de Miguel de los Santos Taborga, José María Urcullo, Jose Manuel Cortés, Gabriel Rene Moreno entre otros, denunciando a Paz por no haber empleado las citas correspondientes para su libro.  Arguedas, desmotivado, previene a los futuros historiadores la procedencia de las fuentes para no caer en falsas afirmaciones históricas. 

La respuesta no se hizo esperar. El hijo de Luis Paz, Jose María, publicó en la revista Claridad de Sucre y en el diario paceño El Republicano su postura y defensa de su padre. Rectifica la versión de Arguedas e invita al público lector para leer las citas y las comillas respectivamente de los autores citados, añadiendo las notas de cada documento investigado. Cuestiona el libro publicado de Arguedas por no contener ni cita de un autor, ni una nota sobre los hechos descritos, solamente coloca en la página final la lista de autores que tomó la información. Jose María, explica que las citas de ciertos autores que su padre tomó para su tomo son versiones más ampliadas de otros textos que escribió, tal es el caso de la recopilación de textos de Monseñor Taborga que publicó en 1908. Así, va desmenuzando la obra de su padre y cuestiona a Arguedas por la similitud de su libro con el de Sabino Pinilla, La Creación de Bolivia, publicado en 1917.

Leyendo las declaraciones e injurias del hijo de Paz, Arguedas responde a través de El Diario de La Paz, respondiendo directamente  a Luis Paz, desconociendo a su hijo. Declara no haber escrito sus cuartillas con la intención de herir su prestigio de historiador, atando cabos sueltos, escribe la recepción de su obra que está lejos de ser leído en un medio tan iletrado como su patria. Olvidándose de las rectificaciones que se le hace, llama a la conciencia histórica y unión progresiva del país. Volviendo a la tarea de declarar las incoherencias, saca en seis artículos notas y fechas sobre los datos recogidos en el libro de Paz. Concluye Arguedas con frases hacia la calidad de “empleitos del gobierno para vivir”, alusión a Luis Paz por su cargo y a su hijo por perder la herencia de gloria de su padre. 

Posteriormente, Jose María, publica el libro Un proceso literario. Respuestas al proceso literario de Alcides Arguedas, con una versión ampliada de la polémica y tildando muchas veces a Arguedas por su calidad como persona. Advierte que su carácter y su orgullo prepotente le harán añicos con el pasar de los años y que su historia no es más que pura imaginación, augurando que nadie leerá sus obras. Adjetivos como despechado, fabulista o tachador de los historiadores son comunes en este libro virulento, atacando a la persona y desviándose de la polémica inicial. 

Es importante resaltar la cantidad de datos que se formulan en esta polémica con respecto a los documentos de la creación de nuestro país, asi como sus batallas y las fuentes recopiladas de estas. Al día de hoy, los tomos de historia de Arguedas se venden como pan caliente, siendo reeditados y comprados en su totalidad, mientras que la obra de Luis Paz se halla dispersa y sin una reedición por parte de alguna editorial. 


Joaquin Edwards Bello


Entre la correspondencia de Arguedas, se encuentra una larga cadena de escritores y pensadores de todo el continente con los cuales intercambiaba pensamientos, reflexiones y hechos del momento, entre estos se encontraba el escritor Joaquin Edwards Bello (1887-1968). En octubre de 1926, Arguedas, desde su hogar en París, recibe como obsequio el libro de Edwards, Nacionalismo Continental. Agradecido con el autor escribe una carta de agradecimiento y resalta el contenido del libro porque “ataca a fondo nuestros grandes problemas y dejan de lado nuestras pequeñeces”. Advierte que una vez deje sus labores de historia y vuelva a sus cuestiones sociológicas, será su libro de predilección para posteriores estudios.

Edwards Bello, proveniente de una familia aristocrática chilena, descendiente de parte materna de Andres Bello, tuvo una educación esmerada y, negándose a llenar los vacíos diplomáticos que su familia le quería otorgar, se dedica a la escritura, donde sus crónicas haría temblar a la sociedad aristocrática chilena, ya que se consideraba de espiritu nacionalista. 

En 1928 empezaría el desencanto de su compañero de letras. Viendo las publicaciones de sus colegas escritores de otros países, se detuvo en la obra histórica de Arguedas, quien en uno de sus tomos agradece al magnate Simon I. Patiño y a Arturo Loayza por la labor de haber subvencionado sus tomos que estaban siendo publicados. Aquí empezaría la ruptura de esa fraternal comunidad que unía a Arguedas y Edwards Bello. 

Bello publicaría una primera columna de opinión en el periódico Los Tiempos de Santiago sobre el magnate y su influencia en la economía, política y sectores sociales de nuestro país, criticando su incapacidad de ser generoso con el desarrollo del mismo, cuando tiene “comprados a la mayoría de los abogados, jueces y funcionarios de su patria”. Bello, en su columna, resalta su fervor por aumentar el patrioterismo de cada ciudadano de la America Hispana. Pregona la unión de sectores sociales con el fin del progreso y diversificación del capital invertido en cada nación. Rechaza a Patiño y la dinámica empresarial que lleva, por su comportamiento de enmudecer a sectores menos privilegiados del país, además, de haber silenciado a intelectuales como Alcides Arguedas, para que no hablen mal de su política empresarial y así ocultar su viciado negocio extractor de estaño, y justifica que “compró al integro, al talentoso Alcides Arguedas”. Edwards Bello, además, cuestiona la forma de vida en el exterior del autor de Raza de Bronce, quien “goza de modesta fortuna propia pero decentisima” para cubrir los gastos de su libro de edición “lujosa”.

Para el siguiente día, publica su segunda columna,sigue cuestionando al magnate cochabambino por no invertir en su país y, al contrario, “compra joyas de arte en el Hotel Druot para su palacio de la Avenue du Bois de Bouloge”. Edwards Bello quería fatigar al escritor para encontrar y leer su posición, cuando, en unas líneas más abajo, escribe la decadencia del autor de Pueblo Enfermo que “ya no es águila salvaje y temible de las alturas, sino canario en jaula”. 

La respuesta de Arguedas no se dejaba esperar. Unas semanas después, en El Diario, sale publicada una columna con el título El Potentado y el Escritor, con el objetivo de esclarecer el porqué acudió al magnate para el financiamiento de sus obras. Empieza recordando la ardua labor que hace 16 años, 1912, empezó con la investigación de libros y documentos sobre el origen de Bolivia, gracias al apoyo moral que recibió de sus amigos F. García Calderon, Rufino Blanco Fombona y Hugo Barbagaleta para publicar una historia de Bolivia. Justifica que expandir cada periodo de su historia tomaría atención en generaciones posteriores. Recuerda las dos oportunidades cuando le negaron el financiamiento de su obra. La primera cuando fue rechazado por el premio universitario Escobari, por cuestiones de desvirtualizar el objetivo de su publicación; el segundo, cuando la Cámara desestimó la obra por ver en ella “moldes ásperos para el patriotismo”. 

Así, terminando de exponer sus desgracias con las instituciones que negaron alguna publicación suya,  empieza lo sucedido en el encuentro con Arturo Loayza, cuando éste sugirió a Patiño publicar sus tomos de historia y así empezar con la redacción de su obra. Menciona que el justificado, tanto de el y de Patiño, era una motivación patriótica y de sus orígenes, desarrollo y consecuencias de su estado actual. Si bien no explica el contenido de sus tomos, todos con una critica demoledora a los mandatarios y sus gobiernos, concluye su columna con la hipótesis del pensamiento de Edwards Bello, su simpatía con el bolchevismo y su visión contraria a la causas revolucionarias de imposición social que el escritor chileno era un abanderado de las desigualdades sociales, más allá de su ímpetu por formar un nacionalismo continental.

Es este el origen el cual varios intelectuales, investigadores e historiadores posteriormente se pongan en contra, aún más, de Arguedas. La tesis a futuro que se formularía sobre el “Arguedas historiador” sería de patiñistas y fabulista, ausente de un método histórico propiamente. 


Hace un siglo atrás se publicaba la Historia General de Bolivia, un libro controvertido, no tanto por las cuestiones cronológicas del curso de nuestra historia, sino por la facilidad de impresión, edición y distribución al interior y exterior del país.


jueves, 28 de julio de 2022

Las polémicas de Arguedas Parte II: Tristan Marof

 





Por Oscar Cordova Sanchez

El caso de Gustavo Navarro, más conocido como Tristan Marof, tuvo un ingreso muy acelerado a la acción política del país. Marof desde muy joven había sido un asiduo detractor de gobiernos liberales; su forma de hacer notar su presencia fue con la publicación de ensayos y novelas. Ya en Europa, bajo cargos diplomáticos, se adhiere a las corrientes socialistas de la época, momento para romper con la clásica imposición ideológica de partidos políticos del país. A esto, su fama crece y se disemina por diferentes países. Arguedas observa detenidamente al constructor de este movimiento.

Para Marof siempre fue una molestia la fama con la que miraban a Alcides Arguedas, deseaba tener la misma atención en el continente europeo que el autor de Pueblo Enfermo. Por sus posiciones de enfoque spobre el progreso de la nación el desprecio mutuo de ambos se irradiaba cada vez en sus escritos y ensayos. Tanto fue la calumnia e insultos de ambos, absorbidos por la fama obtenida por sus escritos y posturas, que empezaron a mofarse el uno del otro. Arguedas sería letal al publicar verdades atroces y violentas de Marof. 

Las injurias empezarían en 1929 cuando Marof en la revista Claridad de Buenos Aires, publicaría un artículo sobre la eficacia de Arguedas por ser el maestro y guía del pesimismo boliviano. Al pie de página, decía “para el canalla de Alcides Arguedas, esperando mejor ocasión”; la respuesta de Arguedas no se dejó esperar, pero a través de cartas que mandaba a sus allegados y conocidos. Las respuestas eran personales, no había otro modo de sustentar la base de la bronca e ira, sentía asco por leer esos infames ataques y afirma la sensación de ver a un insecto de "baba asquerosa. Aplastarlo, da asco, hasta echarlo lejos de sí”. 

Para 1934, Arguedas publica La  Danza de las Sombras, una especie de diario y notas sobre el contexto del país, la situación de los personajes de un cierto momento y su relación con varios intelectuales del continente europeo. Puso tanto empeño en sacar la verdad y la realidad de las cosas, sacando la versión de algún suceso o hecho. Marof sería protagonista de un capítulo titulado "Un escritor de nombre disfrazado" donde Arguedas desnuda a ese otro Marof.

Empieza describiendo una anécdota que tuvo con Gabriela Mistral en 1922. Entre charla y charla, hablando de cosas de libros y personas, Mistral menciona a Navarro -todavía no tenía conocimiento de su seudónimo-, y empieza a describir el suceso que tuvo años antes cuando lo alojó en su casa, y su comportamiento pidiendo licor para embriagarse; sin embargo, Mistral advirtió en ese momento al joven Navarro dejase la política y escribió algo de sus libros publicados "bastante flojos". Además, menciona el desconocimiento de un libro, Poetas idealistas e idealismo en Bolivia, que lleva un prólogo suyo; en realidad eran cartas arregladas por el mismo Navarro para dar mayor credibilidad.

Aquí Arguedas puntualiza la calidad y de persona es Marof, por violento y calumniador en todo sentido y atacando a todos los militantes liberales de la época como colocar una bomba en la imprenta de Claudio Peñaranda, atacar furiosamente a Jaime Mendoza y arremeter contra otros miembros en el Panóptico de La Paz cuando ejerció el cargo de gobernador de dicho establecimiento durante la 'Gloriosa' revolución del 12 de julio de 1920. Aquí Arguedas, transcribe una entrevista de El Diario, donde Alfredo Jauregui, uno de los sindicados por haber, presumiblemente, asesinado a José Manuel Pando, habla sobre los maltratos que recibió de parte del 'señor Navarro' y amenazar con quitarle la vida sino mencionaba a los directores del asesinato de Pando. 

Con estos antecedentes Arguedas teme por Bolivia y la dirección de Marof al mando de las masas, su instinto de 'odio constituye una permanente amenaza para cualquier grupo humano y donde haya gente que le siga y le escuche, pues el día en que por una aversión cualquiera lograra tener por días, o por horas siquiera la facultad de disponer y ordenar, ese día se verían cosas verdaderamente monstruosas e inconcebibles', finaliza Arguedas. 

Posteriormente la respuesta de Marof sería años después, 1938 específicamente, en el libro La verdad socialista en Bolivia, donde, al igual que su contrincante, dedica un capítulo entero titulado Proceso de un escritor: Alcides Arguedas. Marof, con toda la potencia de triturar a cualquier adversario, se abstiene de mencionar la personalidad de Arguedas y, coherentemente, habla de la importancia y deficiencias del "oficio de historiador" de Arguedas. Su objetivo se basaría en 'comprobarle su falsa posición y sus errores cuando escribe sobre Bolivia y otros países'. 

Empieza desmintiendo el terrible encuentro de estadía en la casa de Mistral y el viaje a Chile no fue por un exilio político, sino fue para conocer a los intelectuales chilenos del momento. Además, menciona su "pobreza fue siempre fiel compañera de mi vida errante de escritor. Yo no tuve la suerte del señor Arguedas de frecuentar millonarios y ponerme a su servicio". 

Continuando con la respuesta, desmiente los abusos cometidos hacia Jauregui y otros miembros liberales, sin dar más explicaciones que la negación de todo hecho descrito por Arguedas. 

Finalizando estos supuestos hechos, empieza a describir la obra de Arguedas, relatando su confusión de joven cuando leía a los escritores sudamericanos de antaño y su motivación de describir los males de sus naciones y hacer dar de cuenta otra terapéutica de su patología nacional correspondiente. 

Al hablar de la obra Pueblo Enfermo (1909) sólo ve razas fuertes y débiles, pueblos enfermos y sanos, cuando no analiza el nivel socioeconómico del momento y, menos aún, el estudio imparcial del país. Reniega contra el libro por haber 'colocado en la frente del pueblo boliviano el estigma de su inferioridad, la mancha de sangre que no puede lavarse'. Crítica la falta de análisis económico y de producción de recursos en sus obras de historia, cuando sólo toma criterio personal con la psique de cada mandatario que el país tuvo. Por ese análisis de estudio caducado, condena a Arguedas ya superado 'al otro lado de la barricada, triste y escéptico, con sus  ocho tomos de historia inútil'. 

La respuesta de Arguedas se hace en la tercera edición de Pueblo Enfermo, en unos cuantos párrafos. Menciona la invasión socialista comandada por militares vueltos del Chaco. Teme por Bolivia. Marof en ese momento surge como un apóstol y defensor de las clases oprimidas, cuando en su momento Arguedas recuerda como ese “sub hombre” había incitado a desertar a varios hombres en plena campaña contra el Paraguay. Arguedas se preocupa por el “insecto” que, había evadido toda su vida, llegue a la cima con su doctrina socialista. 

Podemos ver la diferencia de pensamientos de ambos escritores, haciendo cuestiones del progreso y la interpretación del país. Eso sí, cada uno a su manera y estilo. No obstante, la capacidad de nombrar datos, fechas y algunas curiosidades del pais hacen de esta polémica una rica lectura para ahondar las controversias de esos momentos con la venida del socialismo pisando fuerte sobre el pecho conservador de escritores de otra época.


miércoles, 27 de julio de 2022

Las polémicas de Arguedas Parte I: Bautista Saavedra

 



 

Por Oscar Cordova Sanchez

 

Para la construcción de una narrativa, esta debe ser observada bajo el influjo de la crítica literaria y la aceptación del público lector, quien define si el escritor será tomado en cuenta o no. En este sentido, uno de los literatos que fue foco de varias críticas y creó polémicas con diferentes intelectuales a lo largo de su vida es Alcides Arguedas Diaz (1879-1946), donde, más allá de su fama continental, fue interpelado desde diversos puntos de vista.  

Ya sea en panfleto o columna de algún periódico, Arguedas, desde muy temprana edad se fue dando su inclinación a ser escritor, motivado por crear una obra canónica que quiere dejar a su Bolivia de inicios del siglo XX. Solamente bastó para publicar un libro, Pueblo Enfermo (1909), para convertirse en el foco de atención que tanto anhelaba; sin embargo, el rechazo de varios intelectuales nacionales  dio a su obra una visión negativa sobre el futuro de país, mientras que en el Viejo Continente, España específicamente, su obra iba a ser comentada por varios pensadores de talla continental como el caso de Miguel de Unamuno o Ramiro de Maeztu.

Con el paso de los años, bajo el designio de la calidad punzante de contraatacar a rival que se le oponga, puso énfasis en desnudar varias críticas que hacían a su obra, dando aspectos más ilustrativos; menospreciando la calidad del crítico que haya explorado algunas de sus obras; por esa misma razón las polémicas de Arguedas no sólo guardan un recuerdo fragmentario de la vida intelectual del país, sino la misma historia de sus obras, arremetida en varias interpretaciones. Aquí esbozamos algunos datos sobre las polémicas que tuvo en vida. El escritor cuando tomaba importancia alguna de las miles criticas que se le hacían agarraba la pluma y empezaba la cacería al advenedizo para herir de muerte mediante la letra.

 

BAUTISTA SAAVEDRA 

Esta polémica nace como una revisión a los actos políticos que Bautista Saavedra realizó en su gobierno desde 1921 hasta 1925. Arguedas, con el ojo crítico y la pluma  sincera, da frases zahirientes a la conducción de Saavedra. Su punto de análisis sentó bases para la construcción de hechos y evidencias del carácter de gobierno que se tuvo. Fue así que en abril de 1928, pasados los años caldeados de esa política gubernamental saavedrista, nuestro escritor da el primer paso para iniciar el debate en su columna llamada Palabras Libres, del periodico El Diario. 

Inicia Arguedas titulando esta radiografía gubernamental El Caudillo y el Escritor, adquiriendo protagonismo para iniciar una serie de hechos; válidamente aceptados desde su posición como intelectual internacional. 

Nuestro escritor cuestiona las incoherencias del caudillo al momento de gobernar, dando estado de sitio cuando antes de ser gobernante pregonaba la democracia del pueblo. Rememora esta situación a través de un intercambio epistolar cuando el caudillo fue gobernante, y a partir de estas cartas demuestra la ambición de poder; las respuestas del caudillo solo señala la amnistía total y la instauración de un orden validado en el imperativo patriotico.

Arguedas, recuerda, describe y observa, viendo a su antiguo profesor convertido en caudillo, menciona datos de su gobierno, alterando  “la correspondencia privada, secuestra y falsifica telegramas, mete en prisión a los estudiantes, detiene y encarcela a periodistas, hace cerrar los periódicos independientes y sobre todo impone a palos a sus candidatos al municipio”, todo esto y más, viendo a “un autor de libros sobre política cometiera sin razón tan grandes faltas”. Dando cuenta la acción nefasta del amigo y profesor de ayer, las diferencias se acrecientan por el mismo hecho de adherir la violencia, ira y destrucción de libertades donde Saavedra fue el principal promotor. Arguedas desnuda y divide al Saavedra de antes, estudioso, amante del progreso y esclarecido escritor, con el Saavedra del presente, caudillo, mandón temido y autoritario. Concluye el escritor, decepcionado por el cambio radical e irreversible de su viejo amigo, por haber engañado a la juventud con su “ejemplo de contradicción Intelectual, de sectarismo intolerante y de ineptitud”. 

Saavedra desde su puesto diplomático en Bruselas lee con detenimiento cada palabra usada por su antiguo alumno, toma nota, no acepta el silencio y empieza a redactar su extensa respuesta. El caudillo se fulmina para dar paso de nuevo al escritor. Pocos meses después, sale su libro titulado Palabras Sinceras: Para una historia de ayer; un resumen de sus actos como gobernante, desmintiendo hechos y esclareciendo otros. 

El libro, de más de 100 páginas, publicado en París tenía un objetivo claro, no solo fulminar a su antiguo alumno, sino demostrar el génesis de su actos como presidente del país.

Saavedra examina las columnas de Arguedas y el proceso histórico de cómo se llevo su actuación como gobernante; ante todo da una cátedra de historia para el mismo Arguedas, demuestra insuficiente e incoherente las fórmulas denigratorias de parte del escritor, contrarrestando sus  “tremendas sentencias históricas”, examinando que el curso de la historia misma es un curso donde no hay subjetividades, sino hechos dominados por el medio o por colectivo. Demuestra al autor de Raza de Bronce “su superficialidad, con el candor, con la ignorancia” por la arbitrariedad de sus escritos sobre la historia del país. 

Desglosa parrafo por parrafo las cartas descritas por Arguedas, y señala las causas que llevaron a decretar el estado de sitio, viéndose amenazado por las sublevaciones militares apoyadas por los liberales; mencionando el temor de estos y porque “no había sino un plan,

seguido infatigablemente: el de derrocarme”. Finaliza Saavedra al tema del estado de sitio sus motivos “para no dejar sucumbir el poder público ante la violencia de sus adversarios, hubo necesidad de una mano de hierro. Cumplí con mi deber”.

Esclareciendo los hechos, ataca al Arguedas historiador, por su visión de la historia como “un montón de hechos, cuya lógica interior les es desconocida, pero de los cuales sacan todas las consecuencias que se les antoja”. 

Pasadas algunas semanas Arguedas responde al libro virulento de Saavedra, herido y con las ganas de hacer una réplica justa y objetiva, para dejar en claro la misión de sus libros sobre historia, dejando de lado la critca de Saavedra a su visión de la patria, para no caer en la "vulgaridad de la jactancia". Explica detalladamente la importancia de sus obras historicas que son producto de la falta de un sistema historiográfico de nuestro medio, y solo la información puede ser sustraida por la fuente principal del "documento escrito, cartas, periódicos, libros, folletos, memorias ministeriales, redactores de cámara, boletines, etc. etc.". Reprocha el no haber explicado las circustancias de la anulación de una elección e imponer una candidatura presidencial. "Ciego y sordo está y sus mismos amigos, alarmados, tratan de hacerle cambiar de consejeros porque los que tiene son del todo ineptos", afirma el afamado escritor. Pasadas algunas columnas más para explicar los hechos desde su verdad, Arguedas no obtiene respuesta de su antiguo profesor.

Dejando de lado la visión de los hechos, desmintiendo esas lagunas históricas, esta polémica tiene una alta gama de sinceridad intelectual de ambos contrincantes, yendo con su verdad indómita hacia una construcción de los hechos.

 

domingo, 26 de junio de 2022

El Ateneo Femenino: femenismo, élite y arte.

 

El Ateneo Femenino: feminismo, élite y arte




Por Oscar Córdova Sánchez

La segunda década del siglo XX en Bolivia tuvo una data cronológica de cambios políticos, de nuevas ideologías y de nuevos conceptos inducidos por el teatro, literatura y pintura centrados en una visión más nacional y menos extrajera. Con el fin del mandato liberal en el gobierno y el inicio del republicanismo, misma representación con diferente nombre, se inicia la era de las ideas juveniles con la creación de centros artísticos, cenáculos literarios y más que todo dar un nuevo espacio a la representación de la mujer con organizaciones, conscientes de su alejamiento en la toma de decisiones del país.

Y fue el Ateneo Femenino aquella semilla que, si bien tenía representación de una clase media-alta, fue un punto clave para desarrollar propuestas en un país tan conservador como fue la Bolivia del siglo pasado.

El grupo nació a partir de una dirección anexa al Ateneo de la Juventud, grupo creado en 1922, conformado por jóvenes intelectuales inspirados en la creación de nuevas ideas artísticas. En sus corrientes artísticas fueron demostrando su talento en el teatro y la literatura; su filosofía, si bien era dispersa, tenía el propósito de dar voz a aquellas mujeres a través del arte y la palabra escrita desde el punto de vista netamente femenino.

María Luisa Sánchez Bustamante (Malú), hija del político y escritor Daniel Sánchez Bustamante, tomó la dirección del naciente Ateneo Femenino. Pero la condición que puso para tomar la dirección fue ser una entidad totalmente autónoma e independiente del Ateneo de la Juventud. Logrados esos términos se pudo conformar la primera directiva a la cabeza de Malú como primera presidenta, Isabel Hayllot y Carmen Torres Ballivián como vicepresidentas y diferentes secretariados que aumentarían con los años.

Con plena convicción y entusiasmo por parte de aquellas mujeres, que en su mayoría fueron maestras, el Ateneo Femenino fue creado el 17 de abril de 1923 y a decir de su líder, Malú, esta entidad “no dependería del Ateneo de la Juventud, no seguiría su ejemplo… ni admitiría delegado alguno en su seno”.

Con esa actitud nace, sino es la primera, la más importante aglomeración artística, ideológica, filosófica, política y literaria hecha por mujeres y para mujeres. En su estatuto se puede leer que dará estudio de todos los problemas sociales y en especial a los que atañen a la mujer en su condición civil y jurídica.

Teniendo su propio local ubicado en la calle Recreo, y con una senda de actividades por iniciar, las integrantes tenían rasgos muy particulares para formar parte de la nueva entidad. Todas tenían una educación privilegiada, eran de familias acaudaladas y, en su mayoría eran esposas o familiares de algún político o empresario. Es el caso de la misma Malú. Con todas esas ventajas sobre otras organizaciones femeninas decidieron dotar al Ateneo Femenino de su máxima

expresión de ideas. Mireya Sánchez sostiene que el Ateneo Femenino buscó el mejoramiento y la renovación de la mujer a través del mejoramiento cultural, intelectual y la reivindicación de sus derechos.

Con la creación de dos revistas Eco Femenino (1923) e Índice (1927) se puede evidenciar la prueba de la exaltación de su voz y sus inquietudes, pero además recoge influencias del movimiento cultural feminista extranjero. Extrayendo algunas noticias y acontecimientos del continente respecto a la mujer, se afianza nuevas alianzas y se va ampliando hacia nuevas socias donde puedan ser parte de manera participativa; además, de fundar otras sedes en Cochabamba, Oruro y Sucre.

Entre sus socias honorarias que destacaban en el ámbito literario estaban Juana de Ibarbourou (1892 – 1979), poetisa uruguaya y una de las mayores figuras liricas hispanoamericanas a principios del siglo XX; Adela Zamudio (1854 – 1928) precursora del feminismo en Bolivia, destaca con sus poesías y con su novela, Intimas (1913), la convertiría en una de las grandezas intelectuales de la literatura boliviana. Teniendo, además, a jóvenes, previo ingreso mediante una presentación de una tesis, que se formaban en la escritura, poesía y pedagogía como María Teresa Solari, Leonor Diaz Romero o María Josefa Saavedra, una de las primeras abogadas tituladas del país. Fueron así incrementándose con el tiempo llegando a ser mas de 40 socias, pero con la convicción de liberar a la mujer de los férreos prejuicios que la sociedad ejerció sobre ella.

Fueron intensas las participaciones en congresos, talleres y actividades que dignificaron el valor de la mujer boliviana de los años 20.

Podemos mencionar su participación el II Congreso de la Liga Panamericana de Mujeres en Lima, 1924, con trabajos llevados por las representantes del Ateneo Femenino sobre educación, derecho al voto y alfabetización en áreas rurales o el congreso de la Liga Ibérica-Hispanoamericana de Mujeres realizada en México el año 1925.

Pero la mayor congregación que reuniría a todas las agrupaciones femeninas en Bolivia fue en el año 1929, cuando realizaron la Primera Convención Nacional de Mujeres, con el objetivo de formar un solo bloque de mujeres sin distinción de clase bajo el término de reivindicar los derechos civiles y la protección de la mujer trabajadora. Con ese propósito se enfrentaron a otras organizaciones femeninas como la Federación Obrera Femenina (FOF) debido a diferencias ideológicas y de causa, de este modo, si bien se realizó el evento exitosamente con las ponencias de las socias del Ateneo, no se pudo construir un fin común.

Pero la hecatombe para unir esfuerzos se aproximaría cuando se produjo la Guerra del Chaco (1932-1935) donde la mujer totalmente entraría en la esfera de importancia política. Al respecto, Marcela Revollo, menciona: “La guerra contribuyó a fortalecer la presencia pública del movimiento de mujeres como un nuevo sujeto político, social y económico".

Para los años 40, las dos sociedades femeninas más importantes fueron la Legión Femenina de Educación Popular América (LFEPA), fundada después del conflicto bélico del Chaco, de amplia expansión latinoamericana, y el Ateneo Femenino que seguía siendo, como diría María Álvarez: “Una organización importante, pero su composición como sus demandas estaban más limitadas a las mujeres de las clases alta y media”.

En la Convención de 1945 lograron el sufragio sólo para mujeres “letradas” en las elecciones municipales. Pasarían siete años, 1952, para que el sufragio sea universal y no tenga ningún impedimento para ejercer su derecho al voto y que el Ateneo Femenino no había logrado décadas antes.

Con el pasar del tiempo y las nuevas organizaciones que antiguas socias fundarían, se fue invisibilizando la labor del Ateneo que alguna vez, en la década de los años 20, fue la más importante institución artística, literaria y feminista de toda Bolivia.

 

 

Las Memorias de Gustavo Adolfo Otero

 Las Memorias de Gustavo Adolfo Otero


 

Por Oscar Córdova Sánchez

Para conocer las inquietudes, ideas y direcciones que llevan al artista y su obra, es necesario, al menos, saber su vida y la transición que tuvo, sintetizando el ambiente y personajes que, básicamente, se tornan en su fuente de evocación creadora.

Sin embargo, ciertos artistas plasman su legado en la autobiografía, fuente de una parte de la vida del que la escribe, donde tiene una veracidad que demuestra las conexiones con su entorno y así poder conocer al hombre y no al artista.

Es el caso de Gustavo Adolfo Otero Vertiz (1896 - 1958), escritor que tejió diversas actividades como periodista, novelista, sociólogo, historiador y biógrafo. Además, que la ceguera política también en un momento lo invadió y del cual se adentró en su fuente literaria para desenmascarar aquellos personajes tan dramáticos en la historia de nuestro país.

El 8 de mayo de 1943, concluía su tercer y último intento por editar su autobiografía, condensada en varias secciones pintorescas de su paso por el mundo.

Pasados unos 19 años después de su deceso, que fue en 1958, salían a luz toda la gama escrita de su vida y sus orígenes, en una única publicación por parte de Talleres Litografías e Imprentas Unidas S.A. y que estuvo a cargo de sus familiares.

La obra fue terminada en el mes de septiembre de 1977 y el poeta Jaime Sáenz fue invitado para realizar el prólogo. El libro fue publicado con el título de Memorias de Gustavo Adolfo Otero (Nolo Beaz)

Fue una edición bien cuidada, con un reducido tiraje. La atención de las memorias del autor tiene ciertas características esenciales que describe en su autobiografía.

Dividido en tres partes que dan inicio a varias anécdotas que muestran "tan sólo el hombre, el humano Gustavo Adolfo Otero a secas, desnudo y frío", a decir de Saenz.

Escribir de las acciones que toma su vida, es también dar a relucir los orígenes de sus antepasados. Otero no pierde la oportunidad de hacerlo.

Realizando una cronología de la familia Otero y Vertiz, muestra con sinceridad y sin tapujos de elogios, las dramáticas concurrencias que dieron a parar con su ascendencia caudillista y los afanes de sobrevivir en una ciudad que aún no se definía.

Su vida como estudiante, Colegio Nacional de Ayacucho, específicamente, del Taravillo como su tío lo llamaba, era el común denominador de la pedagogía de ese tiempo, donde la "letra entra con sangre" y darse unas "buenas palizas" entre compañeros de colegio era un reto por la valía del hombrecillo que aún seguía normas de su profesor.

En su trayecto leemos los orígenes de su afición a la lectura, como también su adicción a las mujeres. Como debilidad superior pasa con deleite las pasiones carnales hasta anularla por unos años cuando se establece definitivamente con Hortecia Arguedas, hermana de Alcides Arguedas.

Siempre sereno y resuelto Otero no pierde la oportunidad cuando se mete de lleno al oficio del periodismo y a crear grupos como el "Círculo Futurista", en 1916, y el "Ateneo de la Juventud", en 1921. Además, ser parte de diferentes medios de prensa como "El Comercio de Bolivia", "El Diario", "El Fígaro”, donde vio la primera forma del escritor entonado en ideales que llegan a crear nuevas variantes de protesta para la época.

Franz Tamayo, Daniel Sánchez Bustamante o Tomás Manuel Elio fueron algunos de sus compañeros de trabajo en sus cortos 18 años. Esta fue la base para la creación de revistas como La Ilustración (1921) y La Revista de Bolivia (1937). Ambos fueron en su tiempo un éxito en ventas y en lecturas.

Otero, además, desfigura a políticos y escritores; figuras que en ese tiempo resonaban casi siempre en los oídos de la población con elogio y admiración.

Es el caso del "profesor falsificado, arqueólogo de pega, sabio de calcomania" Arthur Posnansky; llegando a la conclusión vista con sus "propios ojos" su "calidad de pirata".

Otro escritor y cuñado suyo,  Alcides Arguedas, también fue víctima de sus escritos. Siendo el mejor amigo de Otero el sarcasmo y la figura burlesca ante los  personajes del momento.

Pero uno de los pocos que no sufrió tanto en sus escritos por su picaresca burla fue el presidente José Gutierrez Guerra, que lo conoció siendo su secretario privado. Anotando que fue un "magnífico ejemplar de superioridad humana".

Con el paso de los años, se forma el carácter que llevaría su nombre en las letras bolivianas bajo el pseudónimo de "Nolo Beaz", extraído de la novela Nolo de Luis Capitán y el apellido del pintor español, Beaz. Fue que debutó con su libro "Cabezas" en 1919, publicado recién en 1921, que incluía párrafos escritos de “siluetas humorísticas de políticos, parlamentarios, literatos y demás liendres de la fauna pintoresca".

Desde ese momento, con gran éxito en ventas, Nolo Beaz iría ganándose el pan de cada día y también, el enojo e ira de varios individuos que detentaban el poder en aquel momento.

Otero, que tenía inconvenientes con el nuevo gobierno de Bautista Saavedra, vierte sus balas para herir al caudillo desde tres sitios como "La Ilustración", fundador de la revista; "El Diario" y "La Razón", con el seudónimo de Dyonisios. Además, las crónicas "Panorama Grotesco" y su novela satírica "El Honorable Poroto" son una fuente literaria atractiva del modo de vida política que se vivía en ese tiempo. 

Esto hacía a Saavedra fijar la mirada en Gustavo Adolfo Otero listo para un ostracismo predecible y como pasó años más tarde.

Fue así, que su confinamiento de meses en Ulla-Ulla, Mocomoco y Chuma entre 1923 y 1924, fueron de un despertar decisivo para ser escritor, ya que este lustro fue la fuente de rebeldía, compromiso y divulgación sobre nuestro país a través de la pluma afilada de Otero y que formó parte, años después, del Partido de la Unión Nacional (Nacionalista).

Cuando se inicia la Guerra del Chaco (1932-1935) Otero eleva el valor del ser boliviano, mostrando su convicción y admiración a Daniel Salamanca, como años después, 1942, haría lo mismo con Enrique Peñaranda, ambos presidentes de nuestro país.

De esta manera su autobiografía termina, en última instancia, distante de una buena salud y disgusto por el libro de Enrique Finot, Historia de la Literatura Boliviana.

Otero deja estas líneas para su intervención en extraer datos para conseguir un perfil más realista y menos ficcional de personajes que hasta ahora se nos muestran. Devela la certeza de su cambio tranquilo, pasivo y travieso a uno luchador, contestatario y 

Claridad. La revista de la élite intelectual sucrense

  Claridad. La revista de la élite intelectual sucrense. Oscar Córdova Sánchez Consultor educativo Texto originalmente publicado en el s...